Madrigal de las Palomas.
Causa placer contemplar las palomas
picoteando anhelantes y tratando de volar,
desnudas, tras la blusa.
Al reír, al andar, al respirar,
revelan su forma y su tamaño,
vivas, trémulas, a punto de volar.
El ojo las recorre y delinea
y las roza con sus dedos azules
pensando en las cuerdas del arpa.
El pico tenso entonces,
erguido, atento, enhiesto,
con ímpetu de arrullo al vaivén.
Se van y no se van,
ni quieren ni pueden olvidar.
Las excita el rumor.
Y así, dialécticas,
en sístole y en diástole,
desveladas,
en la proa del cuerpo sin fin,
lunándose en los bordes.
Otto Ricardo – Torres.
Madrigal de la Contemplación.
De blanco ausencia
Siempre
Vestida
Tu mirada
Pareces no estar ahí.
Apenas si recuerdas
Que estás
Aquí.
Así te vas
Cuando te quedas
Alejada.
Te vas a ti.
Morena y luna.
Siempre he sentido
que me atraen
la voz y la risa
de esa mujer
que ahí se reúne toda.
Apenas para libarla
sensual suave
sensitiva y vegetal
como la madreselva
la palpo con los ojos
la miro con los dedos
el cuerpo quieto y móvil
gitana y malva
ríe
arco iris
aceituna morena
y luna.
Esto es lo que le dije:
Que me gustan su voz los ojos
Y la boca porque todos desembocan entre sí
Y que también me gusta su cabello porque es
también un río que le va bien por todo el cuerpo.
Y que cuando estoy hablando delante
De usted no le quito los ojos de encima
Para evitar que fluya y se derrame
Y me deje hablando solo
sin saber qué hacer
entonces con las
palabras ni conmigo.
En el país del oído nace el sol.
Usted se reúne toda al sonreír.
De otro lado, cuando ríe
Ya no tiene otro lado.
Sin embargo, el rostro de su risa
en el espejo es su voz.
Oh, sí, cuánta alegría nueva.
La música me ha oído.
En este país del oído nace el sol.
Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia - 2mil11

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