lunes, 24 de septiembre de 2018

La contradicción dialéctica
Otto Ricardo-Torres

Federico Engels escribió una obra, de vanguardia como todo lo que escribió este genio, sobre la Dialéctica de la naturaleza. Debo releerla y ojalá conseguir el texto físico, que tuve pero se me refundió o lo presté. Es el mismo oxímoron o paradoja en la retórica de las artes. Por ejemplo, la pintura de René Magritte, Esto no es una pipa, es un oxímoron, esto es, una conradicción dialéctica, pues está diciendo que eso que él ha pintado y muestra como una pipa lo más pipa del mundo, 'no es una pipa'.


Los  he encontrado y disfrutado en poesía, y los disfruto, sin quedarme en el ejemplo de las preceptivas literarias, que machacan el mismo "Muero sin viivir en mí/y tan alta espero/que muero porque no muero", de la Santa de Ávila. El lector de hoy poco repara ya en eso y si uno toca el tema, o algo parecido, corre serios riesgos de audiencia o de lectura.

A la sentencia de William Shakespeare, "Ser o no ser, esa es la pregunta", que insinúa un oxímoron, yo le arrimo una mía, viniendo de la suya, a saber: "Ser Y no ser, he ahí la cuestión". Dándole a 'cuestión' el valor que tiene en español, sinónimo de 'asunto', ya no 'question>cuestión' pregunta. De este modo, se configura el oxímoron, la contradicción dialéctica, no como en la disyuntiva del eximio inglés. En efecto, lo dialéctico está en la conjunción de los contrarios, no es su disyunción.

E la vida real, se nos ofrecen evidencias de oxímoron, de algo que es y no es. Las aspas de un molino de viento o de un avión de los de hélices, muestran una evidencia contradictoria, pero dialéctica, al llegar a su máxima aceleración. Entonces parecen quietas, diluídas en un vaho acuoso: La máxima velocidad se desmiente en una evidencia de quietud.

En Darío Samper, poeta de Piedra y cielo, ni siquiera olvidado por la crítica, exrector de la Universidad Distrital, que escribe una poesía plástica, seguramente por los sueños frustrados de haber querido ser pintor, tiene un oxímoron en su poema Arpa, que disfrutamos en mis clases de Taller de Lírica en la Javeriana y en otras universidades del país por donde anduve. Es este:


El oxímoron está en "Las manos en el agua", dicho del arpa que está siendo ejecutada en plena parranda (allá dicen 'parrando') llanera. Si reparan en el movimiento de las cuerdas del arpa en su plena ejecución, podrán no ver las cuerdas, sino el vaho de estas en su plena agitación. ¿Cuántos lectores de Darío Samper lo habrán notado?, ¿si es que, primero, lo leen?

A veces, cuando cometo poemas se me da por decir en uno de ellos sobre el abuelo "El abuelo que lleva al niño que lo lleva de la mano".

domingo, 23 de septiembre de 2018

Anitya o la impermanencia
Otto Ricardo-Torres

Esta es una categoría con su nombre en sánscrito, empleada en el budismo zen, donde la he leído. Su nombre indica a lo que se refiere, el constante movimiento del universo y de la energía en este. Todo está en permanente movimiento y, por lo tanto, vivo, sin quietud ni muerte, naciendo y volviendo a nacer. La muerte es, en ese criterio, nacer al otro lado del cartel, vivir de otro modo, en obediencia al proceso de combustión autógena, o el tic tac que late y palpita en el corazón del universo.

Allí me atrevería a pensar para mí algunas observaciones, tratando de ser leal al espíritu de esa dialéctica. Así lo digo, 'dialéctica', pues no de otro modo cabe el tic tac ni el tao, sino en el núcleo de su contradicción inherente. Entonces, admitida la contradicción dialética como razón de ser de anitya, la quietud es inherente al movimiento, al tic tac, aspecto y actitud que, según creo o advierto, no son tenidos en cuenta de manera más o menos frecuente, tal vez por el apego ligero al sentido literal de las palabras.

Anitya o impermanencia sería entonces algo equivalente al ritmo del movimiento incesante, en la condición de movimiento y reposo, de va y ven, o vaivén, sin retorno al mismo punto de partida, pero sí al del ritmo. 

El ritmo de anitya entraña, así, la actitud de reposo en el seno del movimiento y, al mismo tiempo, de movimiento en el seno de la quietud. Lo uno en lo otro y no solamente lo uno sin lo otro. No solamente movimiento sin reposo, ni reposo sin movimiento, sino que, para que se dé la anitya o impermanencia como pauta del ritmo del universo, deben cumplirse esas condiciones de su dialecticidad rítmica.

Tal vez deba decir más, a saber: que al ser entendida -según mi parecer- de ese modo la categoría de anitya o impermanencia, como implicación complementaria de contrarios, ya no cabe pensar en la separación de lo uno y de lo otro, sino que lo uno es lo otro y lo otro es lo uno: en el movimiento está el reposo y en el reposo el movimiento, en el tic está el tac y en el tac, el tic; en el yin, el yang y en este, el yin, y no de otra manera.

Llevada esta idea matriz a la terapia en la conducta individual o colectiva, resultaría procedente pensar, por vía de complementación dialéctica, en el diagnóstico del factor complementario que provoque el equilibrio del tic tac en las conductas con desbordamientos extremos, a efecto de suscitar el acuerdo o concordia con el ritmo natural del universo y del ser.

Casa Esenia, septiembre 23 del 2018

 

martes, 18 de septiembre de 2018

Los no saberes 
Otto Ricardo-Torres

Los toltecas hablan de 'no hacer', ejercicios de 'no hacer', y en el zen, son Koan. Unos y otros son distractores de la mente y de los hábitos para desorientar la conducta habitual y anonadar las expectativas que se han establecido a manera de surcos de probabilides por donde transcurre o ha de ocurrir el sentido. La finalidad es borrar, deshacer, deshabitar de todo conocimiento la mente y la conciencia, o lo que fuera eso que habla y lee en uno. Yo le digo no-saberes.

El no-saber, o, de una vez, nosaber, es lo que percibo del misterio, de lo ignoto o desconocido; el rostro en persona o en presencia de lo que no sé qué es. Son saberes ciertos de lo que no sé. No son dudas, ni hipótesis, ni pareceres, ni sospechas, ni intuiciones, sino percepciones inocentes de lo que no sé qué es.

La seguridad que sí me asiste es la de pensar que todo eso que está en mí o yo en medio de él, me ve, me percibe, me conoce y tiene que ver conmigo, aunque no exclusivamente, sin descartarlo. Él o ello algo tenemos qué ver. Qué. Eso es parte de lo que no sé. Cualquier paseo por cualquier parte, y no solo de lugares retirados, sino cualquiera, ello va conmigo, y forma parte del aire, de la luz, de la energía, del universo.

Aprovecho para apartar una idea que se volvió lugar común y que no nos deja ver. Es la idea del universo. Nos dimos al hábito de creer que el universo es únicamente eso que vemos cuando alzamos la vista en las noches con estrellas. O el sol, la luna y las estrellas. Pero no el ambiente en donde estamos, por donde vamos y hemos ido e iremos. Lo inmediato a mí, empezando por mi ser, es también un miembro o un eslabón del universo, y todo. Universo es todo, y no solo lo demás.

Desde esta rendija de luz, uno cambia de parecer con cada momento y con cada cosa que le pasa a uno o que percibe, pues ahí va y ahí está el mismísimo universo, con sus ingredientes de eternidad y de infinito en su constitución. No hay, pues, me voy diciendo, no hay cucarachas, perros, aves, cucarrones, rastrojos, gota de agua, o arroyo, o río, o mar que no sean representantes personales del universo. Y, como dije, yo entre ellos.

Entonces, ya irán entendiendo por qué mi reverencia, por qué la ignorancia respetuosa y devota con que me pongo a mirar y a hacer cada cosa que hago. Idealizando el proceso, me gustaría imaginarme un día ser acogido por alguien desde el seno del aire, viniendo de la luz, o ser cubierto totalmente desde mi interior por la porción de luz que me habita, de manera que pueda sentir y decir con absoluta y plena claridad que, estando en mí, mi ser es únicamente todo lo demás. 

Los pies, los pasos y el camino conducen al horizonte. Y cada uno de ellos son y van al horizonte. Y el camino es sin fin. 

Casa Esenia, septiembre 18 del 2018.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Del Indicio y la Meditación.
Otto Ricardo-Torres

Aprender a escuchar para aprender a meditar, pues también puede haber meditación de oídas. A merced del oído, se abre otra manera de ver. También es verdad que, al ver, oímos, sino que la percepción auditiva ha sido silenciada por el predominio y el hábito de la imagen visual. Los toltecas hablan de "la voz del ver"; consideran que solo hay revelación, o sea, "visión", cuando las escenas y las imagénes hablan. Ellos quieren indicarnos con eso que todo lo que uno ve en aquella dimensión está provisto de voz propia. En el fondo hay algo más, pero dejémoslo así por ahora.

Lo que estorba la meditación es el signo, la significación, el mundo de las palabras, los hábitos, que son conductas que llevan a cuestas las palabras de la vida cuotidiana. Y todo eso es de este mundo, no de la dimensión propia de la meditación.

En la meditación se opera un cambio en el grado de nuestra energía. Y ella nada tiene que ver unilateral ni exclusivamente con la mística. Únicamente es meditación mística la meditación con premeditación, aquella que se instala con fines y propósitos predeterminados, para pedir, para buscar, para implorar. A lo cual no me opongo ni censuro. En cambio, la meditación sin premeditación, la profana, es la que emplean, aun sin calificarla de este modo, los artistas, científicos, investigadores, filósofos, cuando, por exigencias de la búsqueda, se la pasan horas "en blanco", atentos al misterio, el mundo de lo ignoto. 

Permítanme declararlo, le dedico tiempo de mis días a convivir a conciencia con el misterio, lo no conocido, habida cuenta de que estamos rodeados de él. Miro sin obligarme a saberlo, y menos a sabérmelo explicar con palabras. Solo miro, lo más sin mí posible, lejos de andarle averiguando sentidos analógicos a lo que percibo, porque de ese modo no haría sino crear falsos misterios, misterios de bolsillo, con verdades para tomarme la palabra en las tertulias.

No tengo predilección por ninguna situación o entidad particular al mirar. Me es igual la distinta configuración de los follajes y de las ramas y los frutos y las hojas de los árboles, uno a uno, que el vuelo espontáneo de las mariposas con rumbos y búsquedas distintos al de los colibríes y las palomas que todos los días vienen inexorablemente antes de las 3y 30 de la tarde por su ración de maíz entero, en cáscara. Mi tarea no es forzarme a averiguarles obsesivamente qué dicen, sin negarme a ello. En principio, nada más procuro percibir lo mejor posible, sin fruncir el entrecejo ni ponerme a adivinar o a imaginar. 

He logrado saber que hay un NO SABER que es activo y fecundo cuando uno realmente sabe, con paciencia y sin preocupación, lo que no está sabiendo con certeza. Y que es más propicio el acceso al misterio cuando uno está realmente provisto de NO SABERES evidentes, de los Nosaberes de Sócrates, o afines. En su momento, me hago a la idea de que ha de llegar el salario que la luz decida ofrecerme. En realidad, mi interés está puesto en lograr el máximo desinterés. Considero gran ganancia poder percibir sin entrometerme, sin imaginar ni suponer, sino fluyendo en el albedrío de lo desconocido, a merced de los caminos de su sabiduría.

Esto dicho, a propósito de los indicios, como los ojos que se hunden en el misterio. 

Casa Esenia, septieembre 17 del 2018.

Sobre el Indicio

Sobre el Indicio.
Otto Ricardo-Torres

Tanto Peirce, como Prieto y Mounin, entre otros, hablan del Indicio; con la bibliografía de respaldo que, a su vez, cada uno de ellos aporta, basten como referencias. De respaldo, tengo escrito, además, un cotexto -o texto teórico- inédito sobre el Indicio, pero eso dejémoslo quieto, pues el espacio no lo permite. De modo que no voy a emprender un repaso por las fuentes del Indicio.

Me limito a definirlo y explicarlo a mi modo. El Indicio hace pareja de opuestos con el Signo. Este tiene Significante (se) y Significado (so); el Indicio, a su vez, consta de Indicante (ie) e Indicado (io), en los términos del uruguayo Luis Jorge Prieto. El Signo tiene se y so conocidos, mientras que el Indicio apenas tiene ie conocido y su io es un contenido por conocer. El se y so del Signo se dan de manera inmediata, como el haz y el envés de la hoja, según el feliz símil del sabio Ferdinand de Saussure; en cambio, el ie del Indicio está dado, en la evidencia inmediata, pero su io o contenido es télico, esto es, desconocido y distante, no inmediato al ie. Las profecías, por ejemplo, son indicios (la hermenéutica bíblica habla de 'señales'); pero, una vez verificadas, profecías o Indicio, al ser ya conocido el io de este, el Indicio deja de ser Indicio para constituírse en Signo, pues ya tiene se y so conocidos e inmediatos y correlativos. 

(Como diría el difunto Marcos Pérez, periodista de Barranquilla, ¿voy bien o me devuelvo?).

En mis términos, hablo de Prólepsis y Anagnórisis, para referirme al Indicante y al Indicado del Indicio, respectivamente. Prólepsis porque 'anticipa' enigmáticamente, dice anticipo enigmático, pero eso dice; y Anagnórisis por el 'reconocimiento' que se cumple a la postre al descifrar el Indicio. Aunque resulten estas palabrotas en cultismos griegos, creo que son bastante elocuentes porque apuntan en sí mismas a lo que 'indican'.

Pues bien, ¿y para qué todo ese trabalenguas anterior? Para decir que sugiero que inauguremos en nuestras costumbres pedagógicas, metodológicas, de lecturas, de investigación y de análisis de obras de arte, las categorías de Signo e Indicio, y no que todo sea examinado como si fueran signos.

De lo antes dicho, podemos decir que en el Signo ciframos y desciframos conocimiento conocido. La alfabetización sígnica nos habilita para decodificar conocimiento conocido; de ese modo nos hace ciudadanos del universo, en la ciudadanía universal de lo conocido. En cambio, la alfabetización, educación o entrenamiento en indicios no nos habilita para decodificar sino para discernir o interpretar lo no conocido, con miras a generar conocimiento nuevo. Y esta alfabetización es la que nos predispone a la ciudadanía de la creación artística, filosófica, científica o de cualquier actividad de la vida. Todas las vanguardias son logros de la lectura de indicios.

El diálogo traumático ocurre entre las comunidades que conviven en la semiosfera del Signo, junto con las comunidades que conviven en la otra semiosfera, la del Indicio. Los copartidarios del Signo tratan de leerlo todo como intercambiando realidades conocidas. Cuando se presenta una propuesta artística, filosófica, política, científica, nueva, esto es, de vanguardia, creativa, se le enfrentan furiosamente porque no la pueden decodificar con el patrón sígnico, que es el del ciframiento y desciframiento. el del intercambio de valores conocidos. 

Ante eso y a cambio de tomar al toro por los cachos, los usuarios o servidores en instituciones capitales, rurales, aldeanas, se acomodan y llueven sobre mojado, haciendo la jugada fácil, repitiendo cómodamente conocimiento conocido, sin tener que preocuparse ni por investigar ni por enseñar a hacerlo. A lo sumo, dicen ufanarse de estar enseñando a investigar, pero lo que hacen es enseñar a conocer lo conocido.

Husserl propuso eso, "suspender" ('epojé') el conocimiento conocido de cualquier realidad en plan de ser analizada, o sea, mudarla de signo a indicio, para examinarle sus otras posibilidades ignotas. Y los koans o acertijos de los monjes en los templos budistas han elevado a la máxima expresión la alfabetización indicial. Un koan es eso, un misterio, alias indicio, para entrenar al discípulo en su discernimiento, pues esto no es susceptible de ayuda bibliográfica ni de terceros. ¡Y todavía la comunidad científica pacata insiste en tildar de pietistas a estos científicos del misterio! 

Casa Esenia, septiembre 17 del 2018.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Shabbat del 15 de septiembre

José y sus hermanos
Otto Ricardo-Torres
 
Esta es una conversación conmigo, al oído de ustedes, si así se quiere. En la lectura de La Torah hoy, septiembre 15 del 2018, Génesis, al pasar por la historia de José, ya en Egipto, encarcelado por indisposición que le hizo la esposa de Potifar, pero luego ascendido a virrey por el Faraón, a raíz de la acertada interpretación que hizo José al sueño de este, ya posesionado de sus funciones y en plena época de las vacas gordas, con las trojas o graneros repletos, caí en melancolía en las escenas del encuentro de José con sus hermanos, llegados de Canaán, sin Benjamín, el menor, en búsqueda de alimentos para su casa.

Hablo para mí, dije. No leí palabras, sino imágenes y situaciones vivas que se encontraron conmigo en alguna de las remotas memorias del corazón. Y no pude evitar la irrupción del llanto, con absolutamente todo mi cuerpo emocional erizado de conmoción. Cada movimiento y cada palabra de José delante o luego en medio de sus hermanos, con Simón y los otros que lo echaron al pozo y lo vendieron después, me hacía mover el corazón como si estuviera en el cuerpo de José. Y cada cosa que iba sucediéndose surgía de códices o papiros de mis carnes, de mis telas sensibles, como algo que me estuviera pasando en la verdad de mi memoria viva.

No quiero especular sobre esta experiencia ni averiguarle sentido anagógico o elevado, pues tengo claro lo que me ocurrió, aunque no el sentido ni el porqué. He querido, sí, decirlo como testimonio, y como testimonio y alabanza por el reencuentro que me provee El Libro. ¿Remotas lágrimas de José en uno?, 'perpetuo vínculo de átomos de alma entre él y uno?, ¿mismos pasos y días resplandecidos a la luz de las palabras del Génesis? No lo sé, pero fue.

Me quedo quieto, aunque ande y haga cosas, abrumado por la luz reminiscente. Empiezo a comprender que no todos los recuerdos son de la memoria libresca, pues hay mucha antigüedad de uno en uno sin todavía lectura ni reconocimiento. Voy sabiendo que el aquí de uno es hondo y que se halla expandido más allá de los alcances del desciframiento de la memoria. La infinidad de atisbos y de fuentes invisibles que viven en uno se perciben como multitud de vidas que quisieran volver a ser o que nada más desean saludarnos y ser reconocidos por uno.

¡Oh, José, bella alma judía, gerente del Faraón... José, hermano de sus hermanos hasta siempre!
 
Casa Esenia, septiembre 16 del 2018.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Fraternidad cívica colombo venezolana


FRATERNIDAD CÍVICA
COLOMBO VENEZOLANA.
Otto Ricardo-Torres


Es a propósito de la innumerable llegada de venezolanos a Colombia, y a propósito, sobre todo, de la
acogida fraternal que el pueblo, los Gobiernos, la Alcaldía de Bogotá y de las otras ciudades capitales, así como de la casi totalidad de los Partidos políticos colombianos, les han brindado. 

En un programa de la televisión colombiana, le escuché con gran respeto y admiración a un periodista venezolano, creo que radicado aquí en Colombia, invitar al buen comportamiento de sus paisanos venezolanos en suelo colombiano, tal como fue conducta dominante en su país, antes de la nefasta revolución del siglo veintiuno chavista.

Venezuela es la Patria de Carreño, el de la Urbanidad que nos enseñó buenos modales a las generaciones de antaño, y es verdad que la conducta cívica del pueblo venezolano fue, antes de la nefasta dictadura que los tiraniza, un país decente, con unas conductas cívicas seguramente mejores que las nuestras. Fueron un pueblo que acogió fraternalmente a miles de colombianos, sin regatearles trato fraternal y cooperación. Y estos hermanos que nos llegan de allá, que son el polo opuesto del régimen de Diosdado y de Maduro, traen esa simiente que deberíamos hacer todo lo posible, no solo de  protegérsela, sino de fomentarla como paradigma de conducta cívica aquí en nuestro país.

Sugiero, pues, a título de solicitud al Gobierno nacional y a los departamentales que auspicien la creación, por Decreto seguramente, de un acto de gobierno que dé vida a una institución de esa naturaleza, pero dirigida exclusivamente por venezolanos radicados en Colombia, con el fin de que se organicen y ayuden y, sobre todo, para que protejan ese fuego sagrado de su conducta cívica venezolana entre todos, con carácter de comandos fraternales de disciplina y solidaridad en general, a fin de que alcancen el nivel de paradigma o modelos de comportamiento en nuestro suelo, y, de manera particular, en el medio en que cada uno de ellos actúe.

Ese escenario serviría, al mismo tiempo, de núcleo de vida connacional, sin sesgos de exclusión, sino de distinción y cultivo de su idiosincrasia natal. Los colombianos tenemos mucho que aprender de ellos, y, si a nuestra acogida solidaria y fraternal, se suma una conducta cívica de ejemplo y armonía con el pueblo colombiano por parte de ellos, qué mejor, pues ello contribuiría a fomentar entre nosotros el buen comportamiento en los ambientes en los que ellos se desempeñen.

Adhieran, por favor.

Casa Esenia, septiembre 14 del 2018.

La protesta social dentro de la ley

“La protesta social se tiene que hacer con apego a la ley”: Presidente Iván Duque.
Otto Ricardo-Torres

Estoy plenamente de acuerdo con esa declaración del Presidente Iván Duque y es esa una posición que hay que apoyar y defender. La protesta social se ha convertido en quema de buses, tractomulas, bloqueo de carreteras, papas bombas hacia la calle desde ciertas universidades, quema de buses de transmilenio, destrucción de almacenes, a manos de encapuchados, en una especie de guerrilla suburbana. Y los promotores de las protestas sociales corren a decir que esos son infliltrados, incluso del Gobierno, han llegado a decir. Mamola. A otro con ese cuento.

De modo que si tales actos de vandalismo que se han vuelto crónicos, promovidos o auspiciados por los que corren a defender la protesta social, son parte de esta, pues que se quiten las capuchas negras y promuevan la reforma de las leyes para que se legalizce en ellas el empleo de esos desmanes, como propios de la protesta social.

El país se ha venido arrinconando ante estos incrementos de las repúblicas independientes en las ciudades, por el efecto combinado del oportunismo político y el falso sentido de las libertades democráticas. Así vemos cómo la orientación de la educación corre ya por cuenta de FECODE y de ASPU en el sector público, y ya son los sindicatos los que, más allá de su fuero económico salarial, se inmiscuyen a la brava en las políticas del Estado, en una abierta intromisión abusiva como colegisladores y cogobierno.

Casa Esenia, septiembre 14 del 2018

CENTÓN


Centón ortodoxo y heterodoxo
Otto Ricardo-Torres

Centón ortodoxo.
Próxima obra del profesor 
Salomón Verhelst Montenegro
El centón es una costumbre clásica que consiste en componer una obra con fragmentos de obras literarias. Deja en suspenso saber si el resultado fuere literario o no. Sin duda, puede ser sinónimo del collage en pintura, del popurri en música y seguramente también de las molas, los bordados de los cunas, y del refajo, que ya sabemos que se trata de un collage de cerveza con gaseosa o con guarapo pal desenguayabe. Los archivos o datos o dossiers en miscelánea también guardan cierto parentesco con dicha familia centonaria.
Diré dos tipos de centón, uno castizo o clásico, para referirme a la obra del profesor Salomón Verhelst Montenegro, próxima a aparecer, cuyo nombre no se los diré, pues lo está cocinando, y otro centón heterodoxo o herético, más emparentado con la miscelánea que acabo de mencionar.
He celebrado que el profesor Verhelst Montenegro se haya venido a ejercer su culta y erudita docencia en el Departamento de Sucre, particularmente en CECAR, la ya ilustre institución universitaria de Sincelejo. Así como hay personas con disposición innata por el ajedrez, la estadística, la orfebrería o las investigaciones microscópicas, a él le es inherente el prurito, la rasquiña de la erudición, a Dios gracias, pues ¡ah falta que nos hace!, después de haberse dilapidado desde gobiernos antepasados la cuidadosa y exquisita tradición del Instituto Caro y Cuervo.
Hay, pues, una obra suya en camino, construída estrictamente en la estructura del centón clásico, en la cual podrán apreciar las más extrañas y recónditas fuentes inmiscuídas en el texto, glosadas por breves comentarios del autor. De entrada, es una obra para personas cultas, pero sobre todo, lo impactante es su carácter inagural o fundacional, pues creo que es primera vez que esto se hace en Colombia.
Por mi parte, habiéndola conocido en borrador, estoy que me la leo ya en su versión definitiva, después de los remiendos a los que el autor la ha venido sometiendo.
Casa Esenia, septiembre 14 del 2018.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

En CASA DEL Ermitaño I

Conversación con Swami Prajñaparamita, mi Maestro.
Otto Ricardo-Torres
I
Todo lo que sigue está inspirado en las palabras del Elohim Serapis Bey, Manual para la ascención. Y también todo lo que diga En CASA del Ermitaño está inspirado por mi Maestro.

Me viene a la mente la imagen de la energía en una de sus manifestaciones, la luz. Y la imagen de la luz derramándose como el agua, no solamente sobre, sino en cada átomo y criaturas del universo, sus creaciones. El parecido más a la mano es el de infinidad de países, poblaciones innumerables de vida, otra de las manifestaciones de la energía, en cada uno de los lugares o no-lugares habitados por la luz.

Siendo ya sorprendente aquello, más espléndido todavía es saber que en cada instante ínfimo o porciúnculas de luz, no solo hay vida, sino inteligencia plena, en vínculo unitivo con toda la luz de la inmensa lentejuela del universo.

Al ingresar en ese sublime panorama, en el cual lo íntimo es, al mismo tiempo, infinito, y lo infinito, eterno a la vez, en el cual nada está suelto, pues todo está en cada uno y viceversa, como el modo de ser característico de la Creación, me encuentro en coincidencia activa y despierta con dicho panorama, desde Casa Esenia, en donde la luz está en amamble convivencia con el prana, el jardín y con todo. 

Hay ocasiones en que la luz lo esconde a uno. Estando en de uno, ni nos ven.

A la manera de una hoja, en la luz se dan la mano el infinito y la eternidad. Sumergirnos en la dimensión de ese átomo será quedarnos deslumbrados, sin saber qué ni cómo decir. Sin embargo, nada perderemos intentándolo.

Dado ese marco o espacio de referencias, o, mejor, dado ese campo semiótico de inteligencia referencial, trato de explicarme desde él fenómenos como el azar, la simpatía, el amor a primera vista o el amor como reencuentro, o las íntimas afinidades entre los animales (nunca diré 'mascotas') que lo escogen a uno y que, al mirarnos a los ojos, surgen, en ellos y en uno, chispas reminiscentes de familia en lejanía. 

De un tiempo para acá, he venido observando en mis hermanos no humanos de varias especies, desde la evidencia inmediata, así como en los que ya no están, que algo los/nos mancomuna, y que los recientes guardan similitudes con los que ya no están, y que, unos y otros, me dicen visajes de personas, de lugares, y aun de mis otras edades y oficios, como si un átomo nous estuviera existiendo afectiva y efectivamente en unos y otros momentos, lugares y criaturas.

Siento que si no prevaleciera en uno el juicio o la categoría de individualidad, de distintividad, de mismidad y otredad, o sea, de los demás y uno como espacios distintos y diferentes, seguramente nos detendríamos con mejor atención en el vínculo de unidad que sentimos vibrar al estar en contacto con la diversidad del universo.

La meditación sin premeditación me trae a esto. No con o a partir de mis presaberes o preconceptos, sino sin ellos. Y así se me hace diáfano lo que había venido percibiendo en relámpagos de intuiciones con las libélulas, el turpial del monte, el colibrí, las hicoteas, los burros, las palomas, y con los perros, gatos, mariposas, ciertas plantas y árboles, ciertas épocas y momentos de la luz, ...

Creo conveniente concluír, con cierto pesar, que la vida efectiva que uno vive transcurre entre encierros y desencierros, pero más en lo primero. La cientificidad o las filosofías y las artes, las pedagogías, deberían sernos más generosas en desencerrarnos del marco del pensar y del sentir ordinarios, mediante una orientación que refleje de manera más elocuente la verdad de la vida, hija o hermana gemela de la luz. ¿Qué más evidente y a la mano que la energía en la vida y en la luz?

Esto dice el Elohim Serapis:

"La energía de frecuencia más elevada es la energía de la Fuente. Es la energía a partir de la cual se deriva la energía de la tercera dimensión, como la luz, por ejemplo. Pero toda energía es un continuo y, para fines de nuestra discusión, podemos pensar en ella bajo la forma de infinitas cantidades de "unidades", cada una consciente, a su propia manera. Estas unidades de energía acuerdan participar en esquemas de consciencia de un orden muy elevado, tales como yo mismo o como las células de tu cuerpo. La energía forma lo que tú y yo somos; y su estado de alerta constituye, a su vez, la base de la consciencia que tenemos acerca de nosotros mismos. Es de lo que estamos hechos. En retorno, nuestro sentido de ser organiza las unidades de energía y provee una estructura sicológica para ellas, mediante la cual las unidades se pueden expresar a sí mismas.".

Casa Esenia, septiembre 12 del 2018.

Citas del Manual para la ascensión. Osiris. Texto dictado por el Elohim Serapis Bey.


Para la meditación. Con la guía de 
Swami Prajñaparamita, 
mi Maestro amado.


Capítulo 1. ¿Qué es la Energía? 

Cita 1.

"Cada uno de ustedes posee un número de cuerpos. Ustedes están bien familiarizados con uno de ellos, el cuerpo físico, pero mucho menos con el cuerpo emocional, con el mental y con el espiritual. Todos estos cuerpos están compuestos de energía, pero esa energía no pertenece al espectro electromagnético con el cual están familiarizados, como la luz, las ondas de radio y los rayos X. Hablo de la energía que subyace, que se encuentra detrás de esta energía que te es familiar; y detrás de lo que llamas la materia. No puede ser detectada por los instrumentos de tus científicos porque esos instrumentos también están hechos de materia y ningún instrumento puede detectar frecuencias más elevadas que aquellas de las cuales está hecho.

La energía de frecuencia más elevada es la energía de la Fuente. Es la energía a partir de la cual se deriva la energía de la tercera dimensión, como la luz, por ejemplo. Pero toda energía es un continuo y, para fines de nuestra discusión, podemos pensar en ella bajo la forma de infinitas cantidades de "unidades", cada una consciente, a su propia manera. Estas unidades de energía acuerdan participar en esquemas de consciencia de un orden muy elevado, tales como yo mismo o como las células de tu cuerpo. La energía forma lo que tú y yo somos; y su estado de alerta constituye, a su vez, la base de la consciencia que tenemos acerca de nosotros mismos. Es de lo que estamos hechos. En retorno, nuestro sentido de ser organiza las unidades de energía y provee una estructura sicológica para ellas, mediante la cual las unidades se pueden expresar a sí mismas.".

martes, 11 de septiembre de 2018

Agenda

11 de septiembre del 2018.
Mi homenaje de luto a las víctimas del atentado a Las Torres Gemelas en New York.

1. Saber cómo se pone el tamaño y el color de la letra en el título de la Entrada.
2. Saber cómo se traen y se introducen ilustraciones en el seno del texto.
3. Venir aquí todos los días, a excepción del shabbat, para practicar.
4. Procurar escribir textos nuevamente aquí y aprender a abrir secciones.
 

domingo, 9 de septiembre de 2018

Reiniciación de actividades en el blog

Hoy, septiembre 9 del 2018 reinicio actividades en mi blog. La idea es tomar el mismo nombre y logo en la otra página que se va a organizar para divulgación de mis textos. Me quedo con este. El logo del blog es el chakra Anahata, del corazón. Ahora estoy tratando de conocer el funcionamiento del blog; saber, por ejemplo, cómo escribir una página, cómo guardarla y cómo volverla a abrir para hacerle correcciones, también cómo publicarla en facebook y demás técnicas de manejo que se fueren presentando.

Hoy, 11 de septiembre, a partir de las 9 am., mi amada prima Angie Rugeles Ricardo, me ayudó a cambiarle el nombre a la página anterior, tal como ahora aparece. Gracias.

Hay muchas cosas que ignoro. Por ejemplo, cómo emplear espacio doble o sencillo entre renglones y cómo emplear espacio doble entre párrafos. Trataré de irle haciendo al oficio poco a poco. 

HaShem, mi Padre, está conmigo. Amén.