domingo, 14 de octubre de 2018
ALFA Y OMEGA. SER Y NO SER
Otto Ricardo-Torres.
Viéndolo en su espíritu esencial, el símbolo mitológico del Laberinto es una real contradicción dialéctica, en cuyo modo de ser poco solemos detenernos a pensar. El pensar lógico, cuando no el de los lugares comunes, nos ha llevado al ahorro de cerebro mediante el facilismo mental. Pero antes que eso, lo más craso, protuberante, ha sido la ligereza con la que ha sido "leída" la mitología, unas veces como profanidad antirreligosa dogmática, otras como meras ficciones para entretención de los niños y de nosotros los ancianos. Los que más eruditos se consideraron en la materia son los que dieron en divulgarla o en emprender ejercicios de memorización, como si se tratara del ejercicio previo a la narración de un partido de fútbol.
Pero debo decir que también los demás símbolos mencionados antes son de índole dialéctica, o, mejor, contradicciones dialécticas, al estilo de SER Y NO SER, HE AHÍ EL ASUNTO ( o la "question"). Y no SER O NO SER, que no es dialéctico, pues la disyunción 'O' rompe la contradicción de esa índole.
En efecto, cómo no ser dialéctica la realidad del MANANTIAL. Mirémoslo y, después de haberlo observado derramándose sobre y llenándose de sí mismo, en una mágica circularidad autosostenible y autógena, mudemos la mirada hacia el MAR y admirémonos de cómo él es EL GRAN MANANTIAL a la vista, pues perpetuamente está derramándose hacia arriba, evaporándose, y, al tiempo, volviéndose a llenar con aquellos nevados rocíos acrecidos en inmensas bocanadas filiales de ríos pródigos.
Hegel, pero sobre todo Marx, Lenín y Engels, vieron aquel áureo mito del Laberinto y del Manantial, o el del Yin y el Yang, etcétera, en el Teorema de TESIS-ANTÍTESIS-SÍNTESIS. Y Síntesis que, a su vez y sucesivamente, se convierte en nueva TESIS del proceso ANTÍTESIS-SÍNTESIS, etcétera.
Pero a lo que voy con esta vuelta es al modo de pensar que se guarda en esa concentración teoremática. Me refiero a las recíprocas correspondencias entre causa y efecto, dados en el pensar dialéctico de VIDA-MUERTE-VIDA, etcétera, así como en el YIN como causa y efecto de y en el YANG, o en el símbolo o realidad del MANANTIAL, o en el del MAR, causa y efecto de los nevados y de las cañadas, y estos, a su vez, causas y efectos del mar.
En otras palabras, no hay un DESPUÉS mecánico ni distancia entre CAUSA Y EFECTO, pues la causa entraña su efecto y viceversa, el efecto es la causa efectuada. Así, toda causa es efecto, pues va a él, lo lleva potenciado, y, a la vez, el efecto es el producto de la causa, sin ser idénticos una y otro. No es, pues, primero el huevo ni la gallina, sino al tiempo: en el uno va la otra y la otra lleva el uno, pues no habrá huevo sin pollito o gallina, ni gallina sin huevo. Así que Huevo y Gallina son al tiempo, las dos caras de la hoja dialéctica.
Y concluyo: El texto poético, cuando es logrado, no cuando es amontonamiento de palabras y de renglones, anda por linderos sinónimos a los de la contradicción dialéctica del Laberinto, el Manantial y afines. Los que trajinan por la escritura se habrán dado cuenta de que únicamente es lineal la escritura de los fonemas de las palabras, no el sentido. Lo preciso: la escritura de los fonemas es lineal, pero el sentido es SIMULTÁNEO. Y mucho más en un texto poético que se respete, cuyo sentido orgánico, esto es, de ocurrencia como si fuera un organismo vivo (Aristóteles), al estarlo escribiendo, así como al estarlo leyendo, descifrando o decodificando, según fuere el caso, nos percatamos, en la viva experiencia directa, que la relación causa y efecto se van dando, como corresponde, dialécticamente, al tiempo.
Mucho se podría escribir para glosar la afirmación anterior. Cuando escribimos, el todo compacto nos guía en la escritura de una manera ciega y segura, de tal manera que cada palabra y parte van siendo impregnadas del, y auditadas por el sentido que la totalidad les está impregnando. Por eso, desde hace muchos años comparto la consideraración de que el sentido de un texto no es lineal, sino simultáneo o compacto, esto es, sinérgico, dianoético, dialéctio.
Vean, pues: Las cosas del camino. ¡Hasta dónde me trajeron de su mano la Dialéctica, el Laberinto y el Manantial!
Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, octubre 14 del 2018.
viernes, 12 de octubre de 2018
COLLAGE ENTRE PALIMPSESTO Y CENTÓN.
Otto Ricardo-Torres
1. ESCRIBIR me es difícil, cada día más. Afortunadamente. Más allá de las dificultades en el empleo de la lengua, construír la propia gramática del texto, con su sentido y su lector implicado propios, son parte de la dificultad restante.
Y esta tarea no tiene recetas, sino que se ha de realizar sobre la marcha en la misma acción de la escritura. Es, ni más ni menos, que lanzarse al agua para aprender a nadar. Tal vez por eso, la manera como me ha resultado menos difícil es abandonándome al arbitrio de ella, rogándole que me acepte en la condición de aprendiz, con la promesa de mi obediencia anónima. Así dejo en manos de ella la responsabilidad del asunto, que es, como en el protocolo de todo Maestro real, lo que ella espera.
2. Hablo de la MUERTE, no para que me conduelan, sino porque es mi deber como testimonio de vida. El yin/yang de la vida es vida/muerte, en cada yin y en cada yang van, como en una hoja, con su haz y su envés, los dos, desembocando cada uno en el otro, tal como fuera prefigurado mítica y esotéricamente en el símbolo del Laberinto. De este nunca se sale, porque el Yin entra en el Yang y el Yang entra en el Yin.
Así el Tic Tac. Y, junto a estos, el Manantial, bella imagen y semejanza de la energía de la vida, que fluye perpetuamente y cuyas aguas dan porque reciben, reciben porque dan, y donde el dar y el recibir se enlazan con el amor, que de ese modo vive y se realiza. La hora 13 del poema de Nerval es, así mismo, “la última y la primera”, viniendo del Arcano 13 del Tarot.
Los símbolos esotéricos del Manantial y del Laberinto, del Yin y el Yang, del Tic Tac, de la Tesis-Antítesis-Síntesis, que, a su vez, se convierte en Tesis-Antítesis-Síntesis, o el haz y envés de la hoja, indicializan el proceso vida-muerte en forma viva, sin claroscuros, como si se estuviera dando con los ojos abiertos, sin despabilar, así como la sucesión periódica de las horas 12-13 (o la 1).
Es posible intuír que haya seres que vivan, mueran y vuelvan a vivir, y otros que vivan y vivan y ya no vuelvan a morir, sino que anden entre generaciones de seres transeúntes, guiándonos, como Babaji, El Morya, El Tibetano, Kuthumí, Saint-Germain.., entre otros pocos. Para estos, es válida la imagen del manantial derramando agua de vida, expandiéndose, como la eternidad o el infinito sobre sí mismos. Creo en eso. Me voy creyendo en eso.
ALFA Y OMEGA. SER Y NO SER
Otto Ricardo-Torres.
Viéndolo en su espíritu esencial, el símbolo mitológico del Laberinto es una real contradicción dialéctica, en cuyo modo de ser poco solemos detenernos a pensar. El pensar lógico, cuando no el de los lugares comunes, nos ha llevado al ahorro de cerebro mediante el facilismo mental. Pero antes que eso, lo más craso, protuberante, ha sido la ligereza con la que ha sido "leída" la mitología, unas veces como profanidad antirreligosa dogmática, otras como meras ficciones para entretención de los niños y de nosotros los ancianos. Los que más eruditos se consideraron en la materia son los que dieron en divulgarla o en emprender ejercicios de memorización, como si se tratara del ejercicio previo a la narración de un partido de fútbol.
Pero debo decir que también los demás símbolos mencionados antes son de índole dialéctica, o, mejor, contradicciones dialécticas, al estilo de SER Y NO SER, HE AHÍ EL ASUNTO ( o la "question"). Y no SER O NO SER, que no es dialéctico, pues la disyunción 'O' rompe la contradicción de esa índole.
En efecto, cómo no ser dialéctica la realidad del MANANTIAL. Mirémoslo y, después de haberlo observado derramándose sobre y llenándose de sí mismo, en una mágica circularidad autosostenible y autógena, mudemos la mirada hacia el MAR y admirémonos de cómo él es EL GRAN MANANTIAL a la vista, pues perpetuamente está derramándose hacia arriba, evaporándose, y, al tiempo, volviéndose a llenar con aquellos nevados rocíos acrecidos en inmensas bocanadas filiales de ríos pródigos.
Hegel, pero sobre todo Marx, Lenín y Engels, vieron aquel áureo mito del Laberinto y del Manantial, o el del Yin y el Yang, etcétera, en el Teorema de TESIS-ANTÍTESIS-SÍNTESIS. Y Síntesis que, a su vez y sucesivamente, se convierte en nueva TESIS del proceso ANTÍTESIS-SÍNTESIS, etcétera.
Pero a lo que voy con esta vuelta es al modo de pensar que se guarda en esa concentración teoremática. Me refiero a las recíprocas correspondencias entre causa y efecto, dados en el pensar dialéctico de VIDA-MUERTE-VIDA, etcétera, así como en el YIN como causa y efecto de y en el YANG, o en el símbolo o realidad del MANANTIAL, o en el del MAR, causa y efecto de los nevados y de las cañadas, y estos, a su vez, causas y efectos del mar.
En otras palabras, no hay un DESPUÉS mecánico ni distancia entre CAUSA Y EFECTO, pues la causa entraña su efecto y viceversa, el efecto es la causa efectuada. Así, toda causa es efecto, pues va a él, lo lleva potenciado, y, a la vez, el efecto es el producto de la causa, sin ser idénticos una y otro. No es, pues, primero el huevo ni la gallina, sino al tiempo: en el uno va la otra y la otra lleva el uno, pues no habrá huevo sin pollito o gallina, ni gallina sin huevo. Así que Huevo y Gallina son al tiempo, las dos caras de la hoja dialéctica.
Y concluyo: El texto poético, cuando es logrado, no cuando es amontonamiento de palabras y de renglones, anda por linderos sinónimos a los de la contradicción dialéctica del Laberinto, el Manantial y afines. Los que trajinan por la escritura se habrán dado cuenta de que únicamente es lineal la escritura de los fonemas de las palabras, no el sentido. Lo preciso: la escritura de los fonemas es lineal, pero el sentido es SIMULTÁNEO. Y mucho más en un texto poético que se respete, cuyo sentido orgánico, esto es, de ocurrencia como si fuera un organismo vivo (Aristóteles), al estarlo escribiendo, así como al estarlo leyendo, descifrando o decodificando, según fuere el caso, nos percatamos, en la viva experiencia directa, que la relación causa y efecto se van dando, como corresponde, dialécticamente, al tiempo.
Mucho se podría escribir para glosar la afirmación anterior. Cuando escribimos, el todo compacto nos guía en la escritura de una manera ciega y segura, de tal manera que cada palabra y parte van siendo impregnadas del, y auditadas por el sentido que la totalidad les está impregnando. Por eso, desde hace muchos años comparto la consideraración de que el sentido de un texto no es lineal, sino simultáneo o compacto, esto es, sinérgico, dianoético, dialéctio.
Vean, pues: Las cosas del camino. ¡Hasta dónde me trajeron de su mano la Dialéctica, el Laberinto y el Manantial!
Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, octubre 14 del 2018.
3. Si AMO AL PRÓJIMO MÁS QUE A MÍ MISMO, dar no agota, ni agota amar; por el contrario, agotan no amar, no dar.
4. MI MÁS ALLÁ ES UN LITORAL, que no he inventado. Quise que fuera al pie del Shigatsé, pero, no sé, tal vez no sea así. Y es un litoral cuya lección y pan de contemplación es paz. Delante se extiende el agua, que golpea con sonido el borde dorado de las orillas. Ninguna memoria queda en pie entre la colina que desciende con suavidad y el agua. TODO ES NADA PURA.
El ser solo contempla, si yéndose a beber o a emprender aprendizaje de infinito, de eternidad, en bordes consecutivos de horizontes; o llenándose de unidad, al contemplar y estarse desdoblando en lentos desbordamientos hacia la tierna e íntima inmensidad.
El bardo tibetano ha visto que la antesala de la hora 13 se puede llenar del alma en la que hemos de vivir, sin sobresaltos, sino abriendo la cortina para pasar al patio del universo.
5. EL CIENTIFISMO, el positivismo mecanicista, se ríen a carcajadas, como corresponde. PERO AHÍ ESTÁ, MIRÁNDONOS REÍR, LA MUERTE, VIVITA Y COLEANDO.
6. Sea, pues, entonces, lo primero, PEDIR PERDÓN a los seres y circunstancias que ofendí e hice daño, ASÍ COMO PERDONAR a los seres y circunstancias que me ofendieron e hicieron daño.
7. LA CONDICIÓN HUMANA llega a la virtud a través de los defectos, alias pecados, faltas, imperfecciones. No es, pues, pecado, tenerlos, sino perseverar en ellos. “JÚZGOTE PECADOR, SI NUNCA LO FUISTE.”. Séneca.
Y la falta o pecado se cometen únicamente cuando se es consciente de su daño, no sin ello. En la falta o pecado va implícita la energía necesaria para superarlos. A fuerza de lograrlo, el hombre, pecador, llega a Justo, a virtuoso. Los ángeles ya pasaron por aquí. “Por donde vas, iremos todos, hemos pasado todos.”. Porque los ángeles ya son espíritus puros, puros sin culpa. Ya no pueden no ser puros. Como los elementos: agua, tierra, aire, fuego, ozono.
Tal la meta de toda la creación, llegar a la pureza, en imagen de excelencia, perfección, belleza, bondad, impecabilidad. De la falta, pues, a la superación, al no volverla a cometer. Sin las faltas, pecados, transgresiones, imperfecciones, no seríamos humanos. Pero tampoco seríamos humanos si consideráramos que es la falta lo que nos hace humanos, y no la falta como el necesario paradójico para superarla.
8. En mi SENDERO, ME GUIÓ EL SIGNO DE PREFERIR EQUIVOCARME CON MIS PROPIOS ERRORES QUE ACERTAR CON LA VERDAD AJENA. Y no el modelo de la conducta standard, para quedar bien con esto o lo otro, llamados conveniencia u oportunismo.
Nunca fui servil al despotismo ni a los halagos de la cortesía falaz. Amé la integridad y la pureza, pero aún lejos de ellas, todavía a título de súbdito anhelante de su Reino.
He amado y vivido los riesgos de la libertad, que la vivo en función de la revolución dentro de la revolución, bregando a no dejarme someter por hábitos, dogmas ni ideologismos.
El oportunista, el tartufo, el servil se doblegan ante los halagos y el tirano. El ser libre se inclina únicamente ante la libertad.
He vivido, en fin, desde que me conozco, en procura de hacer honor a mi condición de judío y de masón. Judío de la diáspora, todavía fuera del redil.
Casa Esenia, octubre 9 del 2018.
Otto Ricardo-Torres
1. ESCRIBIR me es difícil, cada día más. Afortunadamente. Más allá de las dificultades en el empleo de la lengua, construír la propia gramática del texto, con su sentido y su lector implicado propios, son parte de la dificultad restante.
Y esta tarea no tiene recetas, sino que se ha de realizar sobre la marcha en la misma acción de la escritura. Es, ni más ni menos, que lanzarse al agua para aprender a nadar. Tal vez por eso, la manera como me ha resultado menos difícil es abandonándome al arbitrio de ella, rogándole que me acepte en la condición de aprendiz, con la promesa de mi obediencia anónima. Así dejo en manos de ella la responsabilidad del asunto, que es, como en el protocolo de todo Maestro real, lo que ella espera.
2. Hablo de la MUERTE, no para que me conduelan, sino porque es mi deber como testimonio de vida. El yin/yang de la vida es vida/muerte, en cada yin y en cada yang van, como en una hoja, con su haz y su envés, los dos, desembocando cada uno en el otro, tal como fuera prefigurado mítica y esotéricamente en el símbolo del Laberinto. De este nunca se sale, porque el Yin entra en el Yang y el Yang entra en el Yin.
Así el Tic Tac. Y, junto a estos, el Manantial, bella imagen y semejanza de la energía de la vida, que fluye perpetuamente y cuyas aguas dan porque reciben, reciben porque dan, y donde el dar y el recibir se enlazan con el amor, que de ese modo vive y se realiza. La hora 13 del poema de Nerval es, así mismo, “la última y la primera”, viniendo del Arcano 13 del Tarot.
Los símbolos esotéricos del Manantial y del Laberinto, del Yin y el Yang, del Tic Tac, de la Tesis-Antítesis-Síntesis, que, a su vez, se convierte en Tesis-Antítesis-Síntesis, o el haz y envés de la hoja, indicializan el proceso vida-muerte en forma viva, sin claroscuros, como si se estuviera dando con los ojos abiertos, sin despabilar, así como la sucesión periódica de las horas 12-13 (o la 1).
Es posible intuír que haya seres que vivan, mueran y vuelvan a vivir, y otros que vivan y vivan y ya no vuelvan a morir, sino que anden entre generaciones de seres transeúntes, guiándonos, como Babaji, El Morya, El Tibetano, Kuthumí, Saint-Germain.., entre otros pocos. Para estos, es válida la imagen del manantial derramando agua de vida, expandiéndose, como la eternidad o el infinito sobre sí mismos. Creo en eso. Me voy creyendo en eso.
ALFA Y OMEGA. SER Y NO SER
Otto Ricardo-Torres.
Viéndolo en su espíritu esencial, el símbolo mitológico del Laberinto es una real contradicción dialéctica, en cuyo modo de ser poco solemos detenernos a pensar. El pensar lógico, cuando no el de los lugares comunes, nos ha llevado al ahorro de cerebro mediante el facilismo mental. Pero antes que eso, lo más craso, protuberante, ha sido la ligereza con la que ha sido "leída" la mitología, unas veces como profanidad antirreligosa dogmática, otras como meras ficciones para entretención de los niños y de nosotros los ancianos. Los que más eruditos se consideraron en la materia son los que dieron en divulgarla o en emprender ejercicios de memorización, como si se tratara del ejercicio previo a la narración de un partido de fútbol.
Pero debo decir que también los demás símbolos mencionados antes son de índole dialéctica, o, mejor, contradicciones dialécticas, al estilo de SER Y NO SER, HE AHÍ EL ASUNTO ( o la "question"). Y no SER O NO SER, que no es dialéctico, pues la disyunción 'O' rompe la contradicción de esa índole.
En efecto, cómo no ser dialéctica la realidad del MANANTIAL. Mirémoslo y, después de haberlo observado derramándose sobre y llenándose de sí mismo, en una mágica circularidad autosostenible y autógena, mudemos la mirada hacia el MAR y admirémonos de cómo él es EL GRAN MANANTIAL a la vista, pues perpetuamente está derramándose hacia arriba, evaporándose, y, al tiempo, volviéndose a llenar con aquellos nevados rocíos acrecidos en inmensas bocanadas filiales de ríos pródigos.
Hegel, pero sobre todo Marx, Lenín y Engels, vieron aquel áureo mito del Laberinto y del Manantial, o el del Yin y el Yang, etcétera, en el Teorema de TESIS-ANTÍTESIS-SÍNTESIS. Y Síntesis que, a su vez y sucesivamente, se convierte en nueva TESIS del proceso ANTÍTESIS-SÍNTESIS, etcétera.
Pero a lo que voy con esta vuelta es al modo de pensar que se guarda en esa concentración teoremática. Me refiero a las recíprocas correspondencias entre causa y efecto, dados en el pensar dialéctico de VIDA-MUERTE-VIDA, etcétera, así como en el YIN como causa y efecto de y en el YANG, o en el símbolo o realidad del MANANTIAL, o en el del MAR, causa y efecto de los nevados y de las cañadas, y estos, a su vez, causas y efectos del mar.
En otras palabras, no hay un DESPUÉS mecánico ni distancia entre CAUSA Y EFECTO, pues la causa entraña su efecto y viceversa, el efecto es la causa efectuada. Así, toda causa es efecto, pues va a él, lo lleva potenciado, y, a la vez, el efecto es el producto de la causa, sin ser idénticos una y otro. No es, pues, primero el huevo ni la gallina, sino al tiempo: en el uno va la otra y la otra lleva el uno, pues no habrá huevo sin pollito o gallina, ni gallina sin huevo. Así que Huevo y Gallina son al tiempo, las dos caras de la hoja dialéctica.
Y concluyo: El texto poético, cuando es logrado, no cuando es amontonamiento de palabras y de renglones, anda por linderos sinónimos a los de la contradicción dialéctica del Laberinto, el Manantial y afines. Los que trajinan por la escritura se habrán dado cuenta de que únicamente es lineal la escritura de los fonemas de las palabras, no el sentido. Lo preciso: la escritura de los fonemas es lineal, pero el sentido es SIMULTÁNEO. Y mucho más en un texto poético que se respete, cuyo sentido orgánico, esto es, de ocurrencia como si fuera un organismo vivo (Aristóteles), al estarlo escribiendo, así como al estarlo leyendo, descifrando o decodificando, según fuere el caso, nos percatamos, en la viva experiencia directa, que la relación causa y efecto se van dando, como corresponde, dialécticamente, al tiempo.
Mucho se podría escribir para glosar la afirmación anterior. Cuando escribimos, el todo compacto nos guía en la escritura de una manera ciega y segura, de tal manera que cada palabra y parte van siendo impregnadas del, y auditadas por el sentido que la totalidad les está impregnando. Por eso, desde hace muchos años comparto la consideraración de que el sentido de un texto no es lineal, sino simultáneo o compacto, esto es, sinérgico, dianoético, dialéctio.
Vean, pues: Las cosas del camino. ¡Hasta dónde me trajeron de su mano la Dialéctica, el Laberinto y el Manantial!
Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, octubre 14 del 2018.
3. Si AMO AL PRÓJIMO MÁS QUE A MÍ MISMO, dar no agota, ni agota amar; por el contrario, agotan no amar, no dar.
4. MI MÁS ALLÁ ES UN LITORAL, que no he inventado. Quise que fuera al pie del Shigatsé, pero, no sé, tal vez no sea así. Y es un litoral cuya lección y pan de contemplación es paz. Delante se extiende el agua, que golpea con sonido el borde dorado de las orillas. Ninguna memoria queda en pie entre la colina que desciende con suavidad y el agua. TODO ES NADA PURA.
El ser solo contempla, si yéndose a beber o a emprender aprendizaje de infinito, de eternidad, en bordes consecutivos de horizontes; o llenándose de unidad, al contemplar y estarse desdoblando en lentos desbordamientos hacia la tierna e íntima inmensidad.
El bardo tibetano ha visto que la antesala de la hora 13 se puede llenar del alma en la que hemos de vivir, sin sobresaltos, sino abriendo la cortina para pasar al patio del universo.
5. EL CIENTIFISMO, el positivismo mecanicista, se ríen a carcajadas, como corresponde. PERO AHÍ ESTÁ, MIRÁNDONOS REÍR, LA MUERTE, VIVITA Y COLEANDO.
6. Sea, pues, entonces, lo primero, PEDIR PERDÓN a los seres y circunstancias que ofendí e hice daño, ASÍ COMO PERDONAR a los seres y circunstancias que me ofendieron e hicieron daño.
7. LA CONDICIÓN HUMANA llega a la virtud a través de los defectos, alias pecados, faltas, imperfecciones. No es, pues, pecado, tenerlos, sino perseverar en ellos. “JÚZGOTE PECADOR, SI NUNCA LO FUISTE.”. Séneca.
Y la falta o pecado se cometen únicamente cuando se es consciente de su daño, no sin ello. En la falta o pecado va implícita la energía necesaria para superarlos. A fuerza de lograrlo, el hombre, pecador, llega a Justo, a virtuoso. Los ángeles ya pasaron por aquí. “Por donde vas, iremos todos, hemos pasado todos.”. Porque los ángeles ya son espíritus puros, puros sin culpa. Ya no pueden no ser puros. Como los elementos: agua, tierra, aire, fuego, ozono.
Tal la meta de toda la creación, llegar a la pureza, en imagen de excelencia, perfección, belleza, bondad, impecabilidad. De la falta, pues, a la superación, al no volverla a cometer. Sin las faltas, pecados, transgresiones, imperfecciones, no seríamos humanos. Pero tampoco seríamos humanos si consideráramos que es la falta lo que nos hace humanos, y no la falta como el necesario paradójico para superarla.
8. En mi SENDERO, ME GUIÓ EL SIGNO DE PREFERIR EQUIVOCARME CON MIS PROPIOS ERRORES QUE ACERTAR CON LA VERDAD AJENA. Y no el modelo de la conducta standard, para quedar bien con esto o lo otro, llamados conveniencia u oportunismo.
Nunca fui servil al despotismo ni a los halagos de la cortesía falaz. Amé la integridad y la pureza, pero aún lejos de ellas, todavía a título de súbdito anhelante de su Reino.
He amado y vivido los riesgos de la libertad, que la vivo en función de la revolución dentro de la revolución, bregando a no dejarme someter por hábitos, dogmas ni ideologismos.
El oportunista, el tartufo, el servil se doblegan ante los halagos y el tirano. El ser libre se inclina únicamente ante la libertad.
He vivido, en fin, desde que me conozco, en procura de hacer honor a mi condición de judío y de masón. Judío de la diáspora, todavía fuera del redil.
Casa Esenia, octubre 9 del 2018.
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