domingo, 16 de diciembre de 2018

CANCIÓN NAGUAL

Otto Ricardo-Torres


" Ya me di al poder que a mi destino rige.
 
No me agarro ya de nada para así no tener nada que defender.
No tengo pensamientos para así poder ver.
No tengo ya a nada para así poder acordarme de mí.

Sereno y desprendido, así me dejará El Águila pasar a La Libertad. "

...

Ir al origen es volver al universo maternal, la eternidad. 
Entonces, uno es yosoy, el que es, sin más allá, pues todo es plenitud. 

Así como Uno ha estado siempre en uno, aquí y ahora coexisten con la eternidad. 
Uno nunca va afuera de uno. Uno siempre se está desenvolviendo en el seno de Uno. 

Cuando el instante esplende en luz, es el momento en que lo visto es el que ve, sin ser dos.


Casa Esenia, diciembre 16 del 2018.

lunes, 19 de noviembre de 2018

LECCIONES DE SWAMI PRAJNA-PARAMITA

Lecciones de mi Maestro
Otto Ricardo-Torres

Más allá no es más allá, ni está más allá de uno.
Más allá es uno + uno + uno,
en uno, desde uno.

Ser es ir, e ir más allá en uno.

En una porción de infinito
habitamos la microeternidad.

Cada uno estamos hechos de más allá.
Al andar, al ver, al ser vamos de más
en más abriéndonos al más allá
sin nunca salirnos de uno.

El misterio es la inherencia 
de lo máximoen el punto, 
de sístole a diástole.

Uno en uno, 
el más allá en aquí.


En uno, va Uno; en el ser, el Ser.

Con la mente ingresamos en La Mente
y Ella nos guía en el misterio.

Ir es al origen. 

Vamos adonde
hemos estado siempre.
No hay allá donde no estemos.

Casa Esenia, noviembre 19 del 2018

domingo, 14 de octubre de 2018


ALFA Y OMEGA. SER Y NO SER
Otto Ricardo-Torres.

Viéndolo en su espíritu esencial, el símbolo mitológico del Laberinto es una real contradicción dialéctica, en cuyo modo de ser poco solemos detenernos a pensar. El pensar lógico, cuando no el de los lugares comunes, nos ha llevado al ahorro de cerebro mediante el facilismo mental. Pero antes que eso, lo más craso, protuberante, ha sido la ligereza con la que ha sido "leída" la mitología, unas veces como profanidad antirreligosa dogmática, otras como meras ficciones para entretención de los niños y de nosotros los ancianos. Los que más eruditos se consideraron en la materia son los que dieron en divulgarla o en emprender ejercicios de memorización, como si se tratara del ejercicio previo a la narración de un partido de fútbol.

Pero debo decir que también los demás símbolos mencionados antes son de índole dialéctica, o, mejor, contradicciones dialécticas, al estilo de SER Y NO SER, HE AHÍ EL ASUNTO ( o la "question"). Y no SER O NO SER, que no es dialéctico, pues la disyunción 'O' rompe la contradicción de esa índole.

En efecto, cómo no ser dialéctica la realidad del MANANTIAL. Mirémoslo y, después de haberlo observado derramándose sobre y llenándose de sí mismo, en una mágica circularidad autosostenible y autógena, mudemos la mirada hacia el MAR y admirémonos de cómo él es EL GRAN MANANTIAL a la vista, pues perpetuamente está derramándose hacia arriba, evaporándose, y, al tiempo, volviéndose a llenar con aquellos nevados rocíos acrecidos en inmensas bocanadas filiales de ríos pródigos.

Hegel, pero sobre todo Marx, Lenín y Engels, vieron aquel áureo mito del Laberinto y del Manantial, o el del Yin y el Yang, etcétera, en el Teorema de TESIS-ANTÍTESIS-SÍNTESIS. Y Síntesis que, a su vez y sucesivamente, se convierte en nueva TESIS del proceso ANTÍTESIS-SÍNTESIS, etcétera.

Pero a lo que voy con esta vuelta es al modo de pensar que se guarda en esa concentración teoremática. Me refiero a las recíprocas correspondencias entre causa y efecto, dados en el pensar dialéctico de VIDA-MUERTE-VIDA, etcétera, así como en el YIN como causa y efecto de y en el YANG, o en el símbolo o realidad del MANANTIAL, o en el del MAR, causa y efecto de los nevados y de las cañadas, y estos, a su vez, causas y efectos del mar.

En otras palabras, no hay un DESPUÉS mecánico ni distancia entre CAUSA Y EFECTO, pues la causa entraña su efecto y viceversa, el efecto es la causa efectuada. Así, toda causa es efecto, pues va a él, lo lleva potenciado, y, a la vez, el efecto es el producto de la causa, sin ser idénticos una y otro. No es, pues, primero el huevo ni la gallina, sino al tiempo: en el uno va la otra y la otra lleva el uno, pues no habrá huevo sin pollito o gallina, ni gallina sin huevo. Así que Huevo y Gallina son al tiempo, las dos caras de la hoja dialéctica.

Y concluyo: El texto poético, cuando es logrado, no cuando es amontonamiento de palabras y de renglones, anda por linderos sinónimos a los de la contradicción dialéctica del Laberinto, el Manantial y afines. Los que trajinan por la escritura se habrán dado cuenta de que únicamente es lineal la escritura de los fonemas de las palabras, no el sentido. Lo preciso: la escritura de los fonemas es lineal, pero el sentido es SIMULTÁNEO. Y mucho más en un texto poético que se respete, cuyo sentido orgánico, esto es, de ocurrencia como si fuera un organismo vivo (Aristóteles), al estarlo escribiendo, así como al estarlo leyendo, descifrando o decodificando, según fuere el caso, nos percatamos, en la viva experiencia directa, que la relación causa y efecto se van dando, como corresponde, dialécticamente, al tiempo.

Mucho se podría escribir para glosar la afirmación anterior. Cuando escribimos, el todo compacto nos guía en la escritura de una manera ciega y segura, de tal manera que cada palabra y parte van siendo impregnadas del, y auditadas por el sentido que la totalidad les está impregnando. Por eso, desde hace muchos años comparto la consideraración de que el sentido de un texto no es lineal, sino simultáneo o compacto, esto es, sinérgico, dianoético, dialéctio. 

Vean, pues: Las cosas del camino. ¡Hasta dónde me trajeron de su mano la Dialéctica, el Laberinto y el Manantial!

Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, octubre 14 del 2018.

viernes, 12 de octubre de 2018

COLLAGE ENTRE PALIMPSESTO Y CENTÓN.
Otto Ricardo-Torres

1. ESCRIBIR me es difícil, cada día más. Afortunadamente. Más allá de las dificultades en el empleo de la lengua, construír la propia gramática del texto, con su sentido y su lector implicado propios, son parte de la dificultad restante.

Y esta tarea no tiene recetas, sino que se ha de realizar sobre la marcha en la misma acción de la escritura. Es, ni más ni menos, que lanzarse al agua para aprender a nadar. Tal vez por eso, la manera como me ha resultado menos difícil es abandonándome al arbitrio de ella, rogándole que me acepte en la condición de aprendiz, con la promesa de mi obediencia anónima. Así dejo en manos de ella la responsabilidad del asunto, que es, como en el protocolo de todo Maestro real, lo que ella espera.

2. Hablo de la MUERTE, no para que me conduelan, sino porque es mi deber como testimonio de vida. El yin/yang de la vida es vida/muerte, en cada yin y en cada yang van, como en una hoja, con su haz y su envés, los dos, desembocando cada uno en el otro, tal como fuera prefigurado mítica y esotéricamente en el símbolo del Laberinto. De este nunca se sale, porque el Yin entra en el Yang y el Yang entra en el Yin.

Así el Tic Tac. Y, junto a estos, el Manantial, bella imagen y semejanza de la energía de la vida, que fluye perpetuamente y cuyas aguas dan porque reciben, reciben porque dan, y donde el dar y el recibir se enlazan con el amor, que de ese modo vive y se realiza. La hora 13 del poema de Nerval es, así mismo, “la última y la primera”, viniendo del Arcano 13 del Tarot.

Los símbolos esotéricos del Manantial y del Laberinto, del Yin y el Yang, del Tic Tac, de la Tesis-Antítesis-Síntesis, que, a su vez, se convierte en Tesis-Antítesis-Síntesis, o el haz y envés de la hoja, indicializan el proceso vida-muerte en forma viva, sin claroscuros, como si se estuviera dando con los ojos abiertos, sin despabilar, así como la sucesión periódica de las horas 12-13 (o la 1).

Es posible intuír que haya seres que vivan, mueran y vuelvan a vivir, y otros que vivan y vivan y ya no vuelvan a morir, sino que anden entre generaciones de seres transeúntes, guiándonos, como Babaji, El Morya, El Tibetano, Kuthumí, Saint-Germain.., entre otros pocos. Para estos, es válida la imagen del manantial derramando agua de vida, expandiéndose, como la eternidad o el infinito sobre sí mismos. Creo en eso. Me voy creyendo en eso.

ALFA Y OMEGA. SER Y NO SER
Otto Ricardo-Torres.

Viéndolo en su espíritu esencial, el símbolo mitológico del Laberinto es una real contradicción dialéctica, en cuyo modo de ser poco solemos detenernos a pensar. El pensar lógico, cuando no el de los lugares comunes, nos ha llevado al ahorro de cerebro mediante el facilismo mental. Pero antes que eso, lo más craso, protuberante, ha sido la ligereza con la que ha sido "leída" la mitología, unas veces como profanidad antirreligosa dogmática, otras como meras ficciones para entretención de los niños y de nosotros los ancianos. Los que más eruditos se consideraron en la materia son los que dieron en divulgarla o en emprender ejercicios de memorización, como si se tratara del ejercicio previo a la narración de un partido de fútbol.

Pero debo decir que también los demás símbolos mencionados antes son de índole dialéctica, o, mejor, contradicciones dialécticas, al estilo de SER Y NO SER, HE AHÍ EL ASUNTO ( o la "question"). Y no SER O NO SER, que no es dialéctico, pues la disyunción 'O' rompe la contradicción de esa índole.

En efecto, cómo no ser dialéctica la realidad del MANANTIAL. Mirémoslo y, después de haberlo observado derramándose sobre y llenándose de sí mismo, en una mágica circularidad autosostenible y autógena, mudemos la mirada hacia el MAR y admirémonos de cómo él es EL GRAN MANANTIAL a la vista, pues perpetuamente está derramándose hacia arriba, evaporándose, y, al tiempo, volviéndose a llenar con aquellos nevados rocíos acrecidos en inmensas bocanadas filiales de ríos pródigos.

Hegel, pero sobre todo Marx, Lenín y Engels, vieron aquel áureo mito del Laberinto y del Manantial, o el del Yin y el Yang, etcétera, en el Teorema de TESIS-ANTÍTESIS-SÍNTESIS. Y Síntesis que, a su vez y sucesivamente, se convierte en nueva TESIS del proceso ANTÍTESIS-SÍNTESIS, etcétera.

Pero a lo que voy con esta vuelta es al modo de pensar que se guarda en esa concentración teoremática. Me refiero a las recíprocas correspondencias entre causa y efecto, dados en el pensar dialéctico de VIDA-MUERTE-VIDA, etcétera, así como en el YIN como causa y efecto de y en el YANG, o en el símbolo o realidad del MANANTIAL, o en el del MAR, causa y efecto de los nevados y de las cañadas, y estos, a su vez, causas y efectos del mar.

En otras palabras, no hay un DESPUÉS mecánico ni distancia entre CAUSA Y EFECTO, pues la causa entraña su efecto y viceversa, el efecto es la causa efectuada. Así, toda causa es efecto, pues va a él, lo lleva potenciado, y, a la vez, el efecto es el producto de la causa, sin ser idénticos una y otro. No es, pues, primero el huevo ni la gallina, sino al tiempo: en el uno va la otra y la otra lleva el uno, pues no habrá huevo sin pollito o gallina, ni gallina sin huevo. Así que Huevo y Gallina son al tiempo, las dos caras de la hoja dialéctica.

Y concluyo: El texto poético, cuando es logrado, no cuando es amontonamiento de palabras y de renglones, anda por linderos sinónimos a los de la contradicción dialéctica del Laberinto, el Manantial y afines. Los que trajinan por la escritura se habrán dado cuenta de que únicamente es lineal la escritura de los fonemas de las palabras, no el sentido. Lo preciso: la escritura de los fonemas es lineal, pero el sentido es SIMULTÁNEO. Y mucho más en un texto poético que se respete, cuyo sentido orgánico, esto es, de ocurrencia como si fuera un organismo vivo (Aristóteles), al estarlo escribiendo, así como al estarlo leyendo, descifrando o decodificando, según fuere el caso, nos percatamos, en la viva experiencia directa, que la relación causa y efecto se van dando, como corresponde, dialécticamente, al tiempo.

Mucho se podría escribir para glosar la afirmación anterior. Cuando escribimos, el todo compacto nos guía en la escritura de una manera ciega y segura, de tal manera que cada palabra y parte van siendo impregnadas del, y auditadas por el sentido que la totalidad les está impregnando. Por eso, desde hace muchos años comparto la consideraración de que el sentido de un texto no es lineal, sino simultáneo o compacto, esto es, sinérgico, dianoético, dialéctio. 

Vean, pues: Las cosas del camino. ¡Hasta dónde me trajeron de su mano la Dialéctica, el Laberinto y el Manantial!

Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, octubre 14 del 2018.


3. Si AMO AL PRÓJIMO MÁS QUE A MÍ MISMO, dar no agota, ni agota amar; por el contrario, agotan no amar, no dar.

4. MI MÁS ALLÁ ES UN LITORAL, que no he inventado. Quise que fuera al pie del Shigatsé, pero, no sé, tal vez no sea así. Y es un litoral cuya lección y pan de contemplación es paz. Delante se extiende el agua, que golpea con sonido el borde dorado de las orillas. Ninguna memoria queda en pie entre la colina que desciende con suavidad y el agua. TODO ES NADA PURA.

El ser solo contempla, si yéndose a beber o a emprender aprendizaje de infinito, de eternidad, en bordes consecutivos de horizontes; o llenándose de unidad, al contemplar y estarse desdoblando en lentos desbordamientos hacia la tierna e íntima inmensidad.

El bardo tibetano ha visto que la antesala de la hora 13 se puede llenar del alma en la que hemos de vivir, sin sobresaltos, sino abriendo la cortina para pasar al patio del universo.

5. EL CIENTIFISMO, el positivismo mecanicista, se ríen a carcajadas, como corresponde. PERO AHÍ ESTÁ, MIRÁNDONOS REÍR, LA MUERTE, VIVITA Y COLEANDO.

6. Sea, pues, entonces, lo primero, PEDIR PERDÓN a los seres y circunstancias que ofendí e hice daño, ASÍ COMO PERDONAR a los seres y circunstancias que me ofendieron e hicieron daño.

7. LA CONDICIÓN HUMANA llega a la virtud a través de los defectos, alias pecados, faltas, imperfecciones. No es, pues, pecado, tenerlos, sino perseverar en ellos. “JÚZGOTE PECADOR, SI NUNCA LO FUISTE.”. Séneca.

Y la falta o pecado se cometen únicamente cuando se es consciente de su daño, no sin ello. En la falta o pecado va implícita la energía necesaria para superarlos. A fuerza de lograrlo, el hombre, pecador, llega a Justo, a virtuoso. Los ángeles ya pasaron por aquí. “Por donde vas, iremos todos, hemos pasado todos.”. Porque los ángeles ya son espíritus puros, puros sin culpa. Ya no pueden no ser puros. Como los elementos: agua, tierra, aire, fuego, ozono.

Tal la meta de toda la creación, llegar a la pureza, en imagen de excelencia, perfección, belleza, bondad, impecabilidad. De la falta, pues, a la superación, al no volverla a cometer. Sin las faltas, pecados, transgresiones, imperfecciones, no seríamos humanos. Pero tampoco seríamos humanos si consideráramos que es la falta lo que nos hace humanos, y no la falta como el necesario paradójico para superarla.

8. En mi SENDERO, ME GUIÓ EL SIGNO DE PREFERIR EQUIVOCARME CON MIS PROPIOS ERRORES QUE ACERTAR CON LA VERDAD AJENA. Y no el modelo de la conducta standard, para quedar bien con esto o lo otro, llamados conveniencia u oportunismo.

Nunca fui servil al despotismo ni a los halagos de la cortesía falaz. Amé la integridad y la pureza, pero aún lejos de ellas, todavía a título de súbdito anhelante de su Reino.

He amado y vivido los riesgos de la libertad, que la vivo en función de la revolución dentro de la revolución, bregando a no dejarme someter por hábitos, dogmas ni ideologismos.

El oportunista, el tartufo, el servil se doblegan ante los halagos y el tirano. El ser libre se inclina únicamente ante la libertad.

He vivido, en fin, desde que me conozco, en procura de hacer honor a mi condición de judío y de masón. Judío de la diáspora, todavía fuera del redil.

Casa Esenia, octubre 9 del 2018.

lunes, 24 de septiembre de 2018

La contradicción dialéctica
Otto Ricardo-Torres

Federico Engels escribió una obra, de vanguardia como todo lo que escribió este genio, sobre la Dialéctica de la naturaleza. Debo releerla y ojalá conseguir el texto físico, que tuve pero se me refundió o lo presté. Es el mismo oxímoron o paradoja en la retórica de las artes. Por ejemplo, la pintura de René Magritte, Esto no es una pipa, es un oxímoron, esto es, una conradicción dialéctica, pues está diciendo que eso que él ha pintado y muestra como una pipa lo más pipa del mundo, 'no es una pipa'.


Los  he encontrado y disfrutado en poesía, y los disfruto, sin quedarme en el ejemplo de las preceptivas literarias, que machacan el mismo "Muero sin viivir en mí/y tan alta espero/que muero porque no muero", de la Santa de Ávila. El lector de hoy poco repara ya en eso y si uno toca el tema, o algo parecido, corre serios riesgos de audiencia o de lectura.

A la sentencia de William Shakespeare, "Ser o no ser, esa es la pregunta", que insinúa un oxímoron, yo le arrimo una mía, viniendo de la suya, a saber: "Ser Y no ser, he ahí la cuestión". Dándole a 'cuestión' el valor que tiene en español, sinónimo de 'asunto', ya no 'question>cuestión' pregunta. De este modo, se configura el oxímoron, la contradicción dialéctica, no como en la disyuntiva del eximio inglés. En efecto, lo dialéctico está en la conjunción de los contrarios, no es su disyunción.

E la vida real, se nos ofrecen evidencias de oxímoron, de algo que es y no es. Las aspas de un molino de viento o de un avión de los de hélices, muestran una evidencia contradictoria, pero dialéctica, al llegar a su máxima aceleración. Entonces parecen quietas, diluídas en un vaho acuoso: La máxima velocidad se desmiente en una evidencia de quietud.

En Darío Samper, poeta de Piedra y cielo, ni siquiera olvidado por la crítica, exrector de la Universidad Distrital, que escribe una poesía plástica, seguramente por los sueños frustrados de haber querido ser pintor, tiene un oxímoron en su poema Arpa, que disfrutamos en mis clases de Taller de Lírica en la Javeriana y en otras universidades del país por donde anduve. Es este:


El oxímoron está en "Las manos en el agua", dicho del arpa que está siendo ejecutada en plena parranda (allá dicen 'parrando') llanera. Si reparan en el movimiento de las cuerdas del arpa en su plena ejecución, podrán no ver las cuerdas, sino el vaho de estas en su plena agitación. ¿Cuántos lectores de Darío Samper lo habrán notado?, ¿si es que, primero, lo leen?

A veces, cuando cometo poemas se me da por decir en uno de ellos sobre el abuelo "El abuelo que lleva al niño que lo lleva de la mano".

domingo, 23 de septiembre de 2018

Anitya o la impermanencia
Otto Ricardo-Torres

Esta es una categoría con su nombre en sánscrito, empleada en el budismo zen, donde la he leído. Su nombre indica a lo que se refiere, el constante movimiento del universo y de la energía en este. Todo está en permanente movimiento y, por lo tanto, vivo, sin quietud ni muerte, naciendo y volviendo a nacer. La muerte es, en ese criterio, nacer al otro lado del cartel, vivir de otro modo, en obediencia al proceso de combustión autógena, o el tic tac que late y palpita en el corazón del universo.

Allí me atrevería a pensar para mí algunas observaciones, tratando de ser leal al espíritu de esa dialéctica. Así lo digo, 'dialéctica', pues no de otro modo cabe el tic tac ni el tao, sino en el núcleo de su contradicción inherente. Entonces, admitida la contradicción dialética como razón de ser de anitya, la quietud es inherente al movimiento, al tic tac, aspecto y actitud que, según creo o advierto, no son tenidos en cuenta de manera más o menos frecuente, tal vez por el apego ligero al sentido literal de las palabras.

Anitya o impermanencia sería entonces algo equivalente al ritmo del movimiento incesante, en la condición de movimiento y reposo, de va y ven, o vaivén, sin retorno al mismo punto de partida, pero sí al del ritmo. 

El ritmo de anitya entraña, así, la actitud de reposo en el seno del movimiento y, al mismo tiempo, de movimiento en el seno de la quietud. Lo uno en lo otro y no solamente lo uno sin lo otro. No solamente movimiento sin reposo, ni reposo sin movimiento, sino que, para que se dé la anitya o impermanencia como pauta del ritmo del universo, deben cumplirse esas condiciones de su dialecticidad rítmica.

Tal vez deba decir más, a saber: que al ser entendida -según mi parecer- de ese modo la categoría de anitya o impermanencia, como implicación complementaria de contrarios, ya no cabe pensar en la separación de lo uno y de lo otro, sino que lo uno es lo otro y lo otro es lo uno: en el movimiento está el reposo y en el reposo el movimiento, en el tic está el tac y en el tac, el tic; en el yin, el yang y en este, el yin, y no de otra manera.

Llevada esta idea matriz a la terapia en la conducta individual o colectiva, resultaría procedente pensar, por vía de complementación dialéctica, en el diagnóstico del factor complementario que provoque el equilibrio del tic tac en las conductas con desbordamientos extremos, a efecto de suscitar el acuerdo o concordia con el ritmo natural del universo y del ser.

Casa Esenia, septiembre 23 del 2018

 

martes, 18 de septiembre de 2018

Los no saberes 
Otto Ricardo-Torres

Los toltecas hablan de 'no hacer', ejercicios de 'no hacer', y en el zen, son Koan. Unos y otros son distractores de la mente y de los hábitos para desorientar la conducta habitual y anonadar las expectativas que se han establecido a manera de surcos de probabilides por donde transcurre o ha de ocurrir el sentido. La finalidad es borrar, deshacer, deshabitar de todo conocimiento la mente y la conciencia, o lo que fuera eso que habla y lee en uno. Yo le digo no-saberes.

El no-saber, o, de una vez, nosaber, es lo que percibo del misterio, de lo ignoto o desconocido; el rostro en persona o en presencia de lo que no sé qué es. Son saberes ciertos de lo que no sé. No son dudas, ni hipótesis, ni pareceres, ni sospechas, ni intuiciones, sino percepciones inocentes de lo que no sé qué es.

La seguridad que sí me asiste es la de pensar que todo eso que está en mí o yo en medio de él, me ve, me percibe, me conoce y tiene que ver conmigo, aunque no exclusivamente, sin descartarlo. Él o ello algo tenemos qué ver. Qué. Eso es parte de lo que no sé. Cualquier paseo por cualquier parte, y no solo de lugares retirados, sino cualquiera, ello va conmigo, y forma parte del aire, de la luz, de la energía, del universo.

Aprovecho para apartar una idea que se volvió lugar común y que no nos deja ver. Es la idea del universo. Nos dimos al hábito de creer que el universo es únicamente eso que vemos cuando alzamos la vista en las noches con estrellas. O el sol, la luna y las estrellas. Pero no el ambiente en donde estamos, por donde vamos y hemos ido e iremos. Lo inmediato a mí, empezando por mi ser, es también un miembro o un eslabón del universo, y todo. Universo es todo, y no solo lo demás.

Desde esta rendija de luz, uno cambia de parecer con cada momento y con cada cosa que le pasa a uno o que percibe, pues ahí va y ahí está el mismísimo universo, con sus ingredientes de eternidad y de infinito en su constitución. No hay, pues, me voy diciendo, no hay cucarachas, perros, aves, cucarrones, rastrojos, gota de agua, o arroyo, o río, o mar que no sean representantes personales del universo. Y, como dije, yo entre ellos.

Entonces, ya irán entendiendo por qué mi reverencia, por qué la ignorancia respetuosa y devota con que me pongo a mirar y a hacer cada cosa que hago. Idealizando el proceso, me gustaría imaginarme un día ser acogido por alguien desde el seno del aire, viniendo de la luz, o ser cubierto totalmente desde mi interior por la porción de luz que me habita, de manera que pueda sentir y decir con absoluta y plena claridad que, estando en mí, mi ser es únicamente todo lo demás. 

Los pies, los pasos y el camino conducen al horizonte. Y cada uno de ellos son y van al horizonte. Y el camino es sin fin. 

Casa Esenia, septiembre 18 del 2018.