El origen judío del poeta
GIOVANNI QUESSEP es algo extraño para muchos, sobre todo para sus amigos más
cercanos, que lo vieron crecer y compartir con familias árabes en Sincelejo. Conservando
su estrecho afecto con sus amigos y con el arte árabes, el poeta se enorgullece
de su origen judío, en apoyo de lo cual ofrece fuentes bíblicas del Antiguo
Testamento. En estas, hay, efectivamente, un Quésed, que después, según
Giovanni, durante el imperio otomano, se volvió Quessep. Este Quésed, como
podrán verificarlo en la cita de infra, proviene de Najor, hermano del
patriarca Abraham.
Su abuelo paterno, también de
nombre Jacob, era de origen hebreo, mientras que su abuela paterna, esposa de
Jacob, era de origen árabe. Vivieron en el Líbano, el país de Biblos, la ciudad
cantada por el poeta Quessep en su poema Cantar
del exiliado, único en facsimilar manuscrito en toda su Antología personal, el más reciente de sus libros.
Este poema, Cantar del exiliado, posee realmente un
valor emblemático, por “lo que está dentro”, sentido etimológico de ‘emblema’. Según
lo que intento mostrar, el poema guarda una definido y claro sentimiento
judío, y está nutrido de varias reminiscencias y ecos relativos a esta
comunidad.
Observemos en primer lugar su
estrecho parentesco con el salmo 137 (ver infra), en fraternal similitud de
doliente evocación y arraigo a la heredad solariega lejana, aunque Sión en el
salmo y en el poema, Biblos, pero coincidentes en la evocación nostalgica por
la ausencia de la amada heredad.
Pero también este poema está nutrido
de reminiscencias de los Libros III y IV del Génesis, relacionados con la Historia de Isaac y de Jacob (Libro
III) y con la Historia de José, hijo
de Jacob y Raquel (Libro IV). El Libro III tiene el nombre de su más lejano
ascendiente, Quésed, que en el imperio otomano se volvió Quessep, y el IV, que contiene
las fuentes de algunas alusiones a José en el poema, relativas al pozo, a donde
fue arrojado por sus hermanos y de donde fue rescatado por los medianitas, mercaderes
que lo vendieron a otros, los ismaelitas que, a su vez, lo llevaron a Egipto,
donde lo vendieron a Putifar, y a la túnica ensangrentada de José.
En efecto, el Libro IV nos dice que los hermanos de
José, al no encontrar a este en el pozo donde lo habían arrojado, empaparon la
túnica de este con la sangre de un cabrito y así se la llevaron al amoroso
padre, Jacob, con la mentira de que seguramente su hermano había sido devorado
por las fieras. De manera emblemada,
si cabe el término, para significar, tácita,
aludida o, como diría el semiólogo francés Récanati, “explícitamente
encubierta”, el poeta deja en este poema el testimonio de sus huellas
digitales, su ADN ancestral y afectivo.
A raíz de esa complacencia por su
origen judío, él se ha documentado al respecto y ofrece, en apoyo de una vieja
sospecha mía que siempre le había planteado al poeta, parte de la información
que he aducido.
Por tal virtud, en una
presentación que le hiciera el escritor William Ospina en la Biblioteca Luis
Ángel Arango, este le dijo, palabra más, palabra menos, que “Giovanni Quessep
es el único poeta del mundo que, con pruebas en mano, puede demostrar que
desciende directamente de Dios”. Las citas en infra (de abajo) dirán el porqué
de las palabras de Ospina y de las mías.
En síntesis, por línea de su
abuelo paterno, Quésed, o sea, Quessep, desciende de la unión de Milcá y de
Najor, hermano de Abraham, el patriarca, padres también de Betuel, “que
engendró a Rebeca”, futura esposa de Isaac, hijo de Abraham y Sarah, de donde
nacerían Esaú y Jacob, y de Jacob y Raquel, José, el que fue vendido a los
comerciantes de Egipto, como quedó dicho.
Este José, el del pozo y la
túnica, está aludido en el poema de Giovanni Quessep antes mencionado. He
puesto en cursivas las palabras que lo aluden. El canto es, como dice el poema,
desde Biblos, la ciudad del Líbano, conquistada por los otomanos y de la que
expulsaron a los judíos. Si se compara este poema con el salmo 137 se
encontrarán similitudes de estilo, de reminiscencias, de sentimiento de exilio,
de nostalgia por la patria y, por ende, de amor a esta, cuya añoranza es causa
de la aflicción.
El testimonio y las pruebas que
el poeta guarda, entre ellas, una de Isaac Asimov, unidos al carácter que yo he
denominado emblemático del poema citado aquí, hablan fehacientemente del origen
judío, declarado y consciente, del poeta.
No obstante, sin poner en tela
de juicio ese vínculo judío del poeta, justo es reconocer, al tiempo, que, seguramente
por la ascendencia árabe por parte de su abuela paterna y de la extendida
convivencia de la familia del poeta con el mundo árabe, diría que en su poesía
hay también notable influencia de esta cultura. La coexistencia armoniosa de
dichas dos líneas culturales se podrá advertir con alguna facilidad en un
rastreo por toda su poesía, sin mengua del peso específico de su origen judío.
Me obliga dejar expresada, de
manera clara, que las fuentes bíblicas sobre su ascendiente judío se las debo
al poeta Giovanni Quessep, a quien se le reconozco y agradezco.
Siguen el poema y las Referencias.
<>
Cantar
del exiliado.
Quiero tornar a Biblos,
“ven al Líbano amada mía, tus ojos son palomas,”
para ser la ventura
entre los tamarindos y la parra.
Jamás el cielo ha
sido
tan imposible, nunca
quemado fue por
girasoles
y la lluvia de
arena.
Tenía yo esa luz,
recinto
que presiden las
naves como una máscara de proa,
tenía los delfines
de piel lunada
y el durazno del
fondo que nadie ha visto.
Entonces, ya no
puedo
vivir en la
desesperanza
en este pozo en que me sepultaron
sin mi túnica de jeroglíficos y pájaros.
Quiero tornar a
Biblos,
“tus labios son
cinta escarlata y tu hablar melodioso”;
lo demás ya no
importa
si amo entre sus
calles el mar color de vino.
(Las cursivas –pozo, túnica-
son mías, ORT. Los versos entre comillas pertenecen al libro del rey Salomón, Cantar
de los Cantares. Para Biblos, ver Isaac Asimov, Historia de Canaán).
Referencias.
I. En Descendencia de Najor, hermano
del patriarca Abraham, se lee (Génesis,
Libro III, vs. 22, 20-23):
“Después de estas cosas, se anunció a Abrahán: “También Milcá ha dado
hijos a tu hermano Najor: Us, su primogénito; Buz, hermano del anterior, y
Quésed, Jazó, Pildás, Yidlaf y Betuel,” (Betuel engendró a Rebeca.) Estos ocho
le dio Milcá a Najor, Hermano de Abrahán.”.
En la explicación de Giovanni Quessep, el cambio de Quésed a Quessep se dio por influencia del imperio otomano.
Como dato afectivo y notable, Giovanni señala el del abuelo paterno,
también de nombre Jacob, y quien, según el poeta, murió coincidencialmente a la
misma edad del patriarca Jacob, a los 106 años. De esto, el poeta se siente
justamente orgulloso.
II. Salmo 137,
Balada del desterrado.
Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos
de Sión.
2 En los álamos de la orilla, colgamos nuestras arpas.
3 Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los
que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Canten para nosotros
cánticos de Sión.
4 ¿Cómo podríamos cantar un canto de Yhvé en una tierra extraña?
5 Si me olvidare de ti, Jerusalén, pierda mi brazo su destreza.
6 Se pegue mi lengua al paladar si no me acordare de ti; si no
enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría.
7 Acuérdate, Yhvé, contra la gente de Edom, del día de Jerusalén, cuando
decían:
“Arrásenla, arrásenla hasta los cimientos.”
8 Capital de Babel,
devastadora, bienaventurado el que pueda devolverte el mal que nos hiciste.
(Versión personal sobre una
traducción al español, con omisión del final. Nótese el parecido del título del
poema con el subtítulo del salmo: Canto
del exiliado – Balada del desterrado.
”Este salmo evoca el recuerdo de la caída de Jerusalén el año 587 y del
destierro en Babilonia” (Biblia de Jerusalén).
Ver la versión bilingüe hebreo-español, TEHILIM
Salmos, a cargo de Ben Ishai,
David. Tehilim tehila ledavid. 1ª. Ed. Buenos Aires: Keter
Torá, Traducción de Reuben Sigal, 2005. Por coincidencia que me ha dado
alegría, trae como cita, al final de la tapa, debajo del Muro de las Lamentaciones, “Si me olvidare de ti, oh Jerusalem…”, palabras iniciales de
este, que ha sido siempre mi salmo preferido). Transcribo el salmo de esta
fuente:
1 Junto a los ríos de Babel, allí nos sentamos y también lloramos,
acordándonos de Tzión. 2 Sobre los sauces en medio de ella (de Babel) colgamos
nuestras liras. 3 Pues allí nuestros captores nos pedían canciones y los que se
burlaban de nosotros nos pedían con regocijo: “¡Canten para nostros una de las
canciones de Tzión!” 4 ¿Cómo podemos cantar canción de Hashem en suelo extraño?
5 ¡Si me olvidase de ti, Ierushaláim, que mi mano derecha olvide su habilidad!
6 ¡Que mi lengua se pegue a mi paladar si no te recordara, si no recordase a
Ierushaláim en mi regocijo! 7 Acuérdate Hashem (contra) los edomitas el día de
(la destrucción de) Ierushaláim, cuando dijeron: “¡Arrásenla, arrásenla, hasta
los cimientos!” (los edomitas estimularon a los babilónicos a destruir
Ierushaláim.) 8 ¡Babel, que has de ser arrasada, alabado aquel que te retribuya
lo (malo) que hiciste con nosotros!
(Omito el versículo 9, lo demás es cita textual de la fuente indicada).
III, Giovanni Quessep. Antología personal. 1a. ed. Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 2014.
Otto Ricardo-Torres
Casa
Esenia, marzo 3 del 2015

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