Voy a referirme a LA LIBERTAD,
pero de manera personal. Son mis verdades acerca de Ella, la experiencia que me
ha dejado. Digo, pues, que La Libertad es el camino que está EN uno y que
lo conduce a uno. Nada más hay que usarla y atreverse a emplearla.
La Libertad es cuestión de atreverse.
Y la batalla, y los riesgos, se libran en uno. Silenciosamente. Una de las cuatro
Reglas del Tetragrammatón le conciernen, cual es la del atreverse, OSAR (SABER,
HACER, CALLAR, son las tres restantes). Del atreverse a emplearla, depende el
atrevernos a SER. Por donde podrán ir infiriendo que lo que nos nace es
La Libertad. Uno nace, pero La Libertad nos nace, nos nace a nuestra identidad.
Y el nacerse es propio de los INICIADOS. Y los INICIADOS son los que han
descubierto el sendero del Espíritu, o sea, el camino interior. De ahí IN IRE,
‘ir por dentro’, que es lo propio del ser iniciado. Concluyo esta parte
considerando que todo aquel que ha sido capaz de emplear La Libertad es, por
eso ya, un ser iniciado, con mandil o sin él.
Así que, para nacerse, hay que
vencerse. Es verdad que nacemos inocentes, como los ángeles. Pero nacemos de
ese modo para tener una evidencia de nuestro estado natural en la vida de donde
venimos. El trayecto, El Valle, es distinto, pues hay que vivirlo a pulso.
Conjeturo que la lección natural es la de que, si somos capaces de emplear La
Libertad para pulir nuestra piedra bruta, esto es, para vencernos, la
iniciación nos será dada como un salario de luz para encontrarnos con uno mismo
en nuestra inocencia eterna, prefigurada en la niñez.
“La inocencia es la sabiduría de
lo múltiple”, dijo el filósofo. El niño, como los ángeles, son sabios, inocentes,
sin culpa. De modo que la cúpula o cúspide de la sabiduría es la inocencia.
Por la época en que las Logias
lanzaron al mundo sus tres puntos gloriosos de LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD,
reinaban la metafísica oscuridad y los imperios dinásticos. Napoleón empuñó la
espada y de ahí surgieron otras batallas de Libertad, las de las Américas, entre otras.
Implico entonces la idea de que
nada es fácil en las tareas, en los escenarios de La Libertad. Todo lo
contrario, la ley es la de que, si de Libertad se trata, su camino es, de los
dos, el más difícil. Cuando en una sociedad rige el espíritu de La Libertad,
hay rectitud, honestidad, buen gobierno, autogobierno, conducta honorable, con
o sin ruido de espadas. La vida licenciosa, tramposa, corrupta, embustera,
inequitativa, despótica, de los pueblos y sociedades, denuncia falta del
principio riguroso y recto de La Libertad.
La Libertad me condujo a mí y,
al encontrarme, y solo entonces, encontré a Dios. Sin Ella, en mí había dogma,
fe miedosa, confesión por la obligada sumisión al qué dirán. Ahora siento que
Dios está contento conmigo –y yo con Él- y que, de alguna manera, me ha venido
diciendo que Él no recibe Allá a los pusilánimes, logreros, corruptos,
oportunistas, dogmáticos, negociantes de la fe, sino a los seres libres, y que
–sigue diciendo Él- si son libres sin ruido, tanto mejor.
Entonces se me hizo claro lo de
la “chispa divina” en cada uno, en cada entidad o cosa de todo lo que existe.
Esa chispa esencial, más pequeña que un punto, es la Vida, la eternidad y el infinito en
uno, en lo que nos hemos de convertir al evolucionar la vida en uno. Y en tal
chispa vive Dios, EN UNO. De modo que, estando en uno, a) Uno debe buscarlo y
encontrarlo, no leyendo ni preguntándolo a terceros, ni fotocopiándolo ni
calcándolo del de otros, y b) Hablar y confiar en Él, en Su Logos de boca a
oreja, ya que, dada su omnipotencia, Él no necesita mandarle razones a uno
acerca de lo que tiene que decirnos. Nuestra condición debe ser la de “tener ojos y oídos
para ver y oír”, para saber verlo, para saberlo escuchar. Por muy erudita que sea la
fuente o la interlocución externa, nunca podrá ni deberá suplantar a nuestra Fuente
interna. Debemos sí, saber ir, saber ver, saber oír, sin pedantería, sino con
seguridad en la Fuente. De tal situación o circunstancia proviene mi decir, a
saber: QUE LA VERDAD ES EN UNO, NO DE UNO.
Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, abril 30 del 2015.

1 comentario:
Muy buena esa reflexión, el dogma siempre ha enfrentado al hombre que se cree acreedor de la verdad única.
Ese que no es capaz de ver que el dogma tiene dos fases, una de luz y otra de sombra. Por no aceptar esta eventualidad que nos lleva a pensar que, siempre, en la tierra por causa del pecado de la desobediencia, seguimos en esa rueda que permite pagar karmas y recibir darmas. A diferencia del otro mundo el desconocido donde solo reina la Luz de Dios.
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