miércoles, 12 de septiembre de 2018

En CASA DEL Ermitaño I

Conversación con Swami Prajñaparamita, mi Maestro.
Otto Ricardo-Torres
I
Todo lo que sigue está inspirado en las palabras del Elohim Serapis Bey, Manual para la ascención. Y también todo lo que diga En CASA del Ermitaño está inspirado por mi Maestro.

Me viene a la mente la imagen de la energía en una de sus manifestaciones, la luz. Y la imagen de la luz derramándose como el agua, no solamente sobre, sino en cada átomo y criaturas del universo, sus creaciones. El parecido más a la mano es el de infinidad de países, poblaciones innumerables de vida, otra de las manifestaciones de la energía, en cada uno de los lugares o no-lugares habitados por la luz.

Siendo ya sorprendente aquello, más espléndido todavía es saber que en cada instante ínfimo o porciúnculas de luz, no solo hay vida, sino inteligencia plena, en vínculo unitivo con toda la luz de la inmensa lentejuela del universo.

Al ingresar en ese sublime panorama, en el cual lo íntimo es, al mismo tiempo, infinito, y lo infinito, eterno a la vez, en el cual nada está suelto, pues todo está en cada uno y viceversa, como el modo de ser característico de la Creación, me encuentro en coincidencia activa y despierta con dicho panorama, desde Casa Esenia, en donde la luz está en amamble convivencia con el prana, el jardín y con todo. 

Hay ocasiones en que la luz lo esconde a uno. Estando en de uno, ni nos ven.

A la manera de una hoja, en la luz se dan la mano el infinito y la eternidad. Sumergirnos en la dimensión de ese átomo será quedarnos deslumbrados, sin saber qué ni cómo decir. Sin embargo, nada perderemos intentándolo.

Dado ese marco o espacio de referencias, o, mejor, dado ese campo semiótico de inteligencia referencial, trato de explicarme desde él fenómenos como el azar, la simpatía, el amor a primera vista o el amor como reencuentro, o las íntimas afinidades entre los animales (nunca diré 'mascotas') que lo escogen a uno y que, al mirarnos a los ojos, surgen, en ellos y en uno, chispas reminiscentes de familia en lejanía. 

De un tiempo para acá, he venido observando en mis hermanos no humanos de varias especies, desde la evidencia inmediata, así como en los que ya no están, que algo los/nos mancomuna, y que los recientes guardan similitudes con los que ya no están, y que, unos y otros, me dicen visajes de personas, de lugares, y aun de mis otras edades y oficios, como si un átomo nous estuviera existiendo afectiva y efectivamente en unos y otros momentos, lugares y criaturas.

Siento que si no prevaleciera en uno el juicio o la categoría de individualidad, de distintividad, de mismidad y otredad, o sea, de los demás y uno como espacios distintos y diferentes, seguramente nos detendríamos con mejor atención en el vínculo de unidad que sentimos vibrar al estar en contacto con la diversidad del universo.

La meditación sin premeditación me trae a esto. No con o a partir de mis presaberes o preconceptos, sino sin ellos. Y así se me hace diáfano lo que había venido percibiendo en relámpagos de intuiciones con las libélulas, el turpial del monte, el colibrí, las hicoteas, los burros, las palomas, y con los perros, gatos, mariposas, ciertas plantas y árboles, ciertas épocas y momentos de la luz, ...

Creo conveniente concluír, con cierto pesar, que la vida efectiva que uno vive transcurre entre encierros y desencierros, pero más en lo primero. La cientificidad o las filosofías y las artes, las pedagogías, deberían sernos más generosas en desencerrarnos del marco del pensar y del sentir ordinarios, mediante una orientación que refleje de manera más elocuente la verdad de la vida, hija o hermana gemela de la luz. ¿Qué más evidente y a la mano que la energía en la vida y en la luz?

Esto dice el Elohim Serapis:

"La energía de frecuencia más elevada es la energía de la Fuente. Es la energía a partir de la cual se deriva la energía de la tercera dimensión, como la luz, por ejemplo. Pero toda energía es un continuo y, para fines de nuestra discusión, podemos pensar en ella bajo la forma de infinitas cantidades de "unidades", cada una consciente, a su propia manera. Estas unidades de energía acuerdan participar en esquemas de consciencia de un orden muy elevado, tales como yo mismo o como las células de tu cuerpo. La energía forma lo que tú y yo somos; y su estado de alerta constituye, a su vez, la base de la consciencia que tenemos acerca de nosotros mismos. Es de lo que estamos hechos. En retorno, nuestro sentido de ser organiza las unidades de energía y provee una estructura sicológica para ellas, mediante la cual las unidades se pueden expresar a sí mismas.".

Casa Esenia, septiembre 12 del 2018.

No hay comentarios: