Connotación, Barroco y Undoing.
Otto Ricardo-Torres
I
Roland Barthes en sus Ensayos Críticos le dedica varios
capítulos a lo que él llama Literatura objetual o Literatura literal o Mundo
objeto y, en la Francia de entonces, Objetalismo, movimiento en el que se dio
un boom magnífico de literatura y de
cine.
En rigor, estos objetalismos corresponden, con otro
enfoque, a la literatura de la cosa,
no del objeto. Según he podido
averiguar, tanto Barthes como este grupo adoptan en su objetalismo el punto de vista del objeto óptico, aislado, como en
la operación óptica, de toda contaminación figurativa, en ensayos, novelas,
cine. … A. Robbe.Grillet, Michel Butor, A. Reznais, M. Duras, del grupo de la nueva novela francesa.
Están en su derecho, por
supuesto, y lo ejercen con magnífica lucidez, sino que no se inmiscuyen con la
Sociología del Objeto, que es mi punto de partida y fundamento. No obstante,
pondero y exalto ese característico esplendor suave de la ensayística francesa,
así como el, no por fugaz menos seguro e innovador, de la narrativa y el cine en
esta nueva pauta retórica de vanguardia.
Brevemente, un repaso a la
teoría de la Sociología del objeto, con algunas ñapas que le agrego.
Empiezo por precisar que los
vocablos cosa y objeto, en la
oposición objeto/cosa, son categorías
de uso especializado en sociología y en filosofía de este tipo, y no empleo
circunstancial.
Cosa es el categorema empleado para designar (mejor sería decir
para indicar) toda realidad no
humanizada. Sabido es que el hombre en su proceso histórico, al enfrentarse a
la naturaleza para convivir con ella o transformarla, en este contacto la va
humanizando, bien por las nuevas realidades promovidas, bien por la designación
o nominación y funciones que el hombre le va dando. De este modo, el hombre
acumula sobre la realidad prístina u original, virgen, la memoria del nombre
que le da a cada realidad, así como las funciones o usos que hace de ella,
junto con los sentimiento y emociones que le va impregnando.
Aquella realidad todavía no
humanizada es la realidad cosa, y la
otra, la realidad objeto. A lo cual
añado que, si nos damos cuenta de que la realidad sin nombre ni funciones es
algo inédito, misterioso y desconocido o por conocer por parte del hombre, esa
realidad reviste las características del indicio,
dado que no posee significado
conocido sino cognoscible; a diferencia de la otra realidad, en su dimensión objeto, que ya está incorporada a la
significación dada por y para el hombre.
En tal sentido, la realidad en su dimensión cósica
o indicial nos es desconocida y, por tal virtud, es campo fértil para la
investigación original, o sea, para alcanzar conocimiento nuevo, es decir, conocimiento,
en tanto que la realidad objeto sí es
legible y, por lo tanto, generadora
de mero conocimiento conocido o
re-conocimiento, dado que se encuentra incorporada al universo cultural del
hombre.
Y legible, sencillamente porque, al haberle puesto nombre o signo, la
podemos leer. A partir del momento en que al durzno lo bautizamos con ese
nombre, ya no nos será fácil recuperarlo en su dimensión virgen, sin nombre, en
la mansión de su en sí. Tampoco uno es el nombre, ni el registro civil, ni la
hoja de vida; sin embargo, no nos reconocen de otro modo, en nuestro modo de
ser natural, anónimo.
La Filosofía de la
Fenomenología le dedica un capítulo importante a este aspecto, al tratar la
categoría de la epojé o suspensión del
conocimiento para emprender una nueva visión de la realidad o del estado del
arte de esta. La epojé o suspensión
(en griego) ocurre cuando le aislamos a la realidad su dimensión legible u objeto para recuperarle su ipseidad, su
condición natural cósica. El
experimento lo podemos aplicar en una realidad que realmento no conocemos o en
cualquiera otra conocida, al suspenderle
su tradición cutural, estado del arte, funciones, apreciaciones, usos.
Apoyándome en estas dos
dimensiones de la realidad con la que el hombre se enfrenta generación tras
generación, he venido proponiendo que en el país se promuevan y desarrollen los
dos tipos de lafabetización desde temprana edad, la ALFABETIZACIÓN SÍGNICA,
BASADA EN LA REALIDAD OBJETO, que es la que se ha empleado siempre, y la
ALFABETIZACIÓN INDICIAL O SOBRE LA COSA O EL MUNDO DE INDICIOS, habida cuenta
de que la primera se limita a ponerle nombres a las cosas, darle uso y funciones a esa realidad designada o significada, con lo cual el hombre logra apropiarse de
la cultura universal mediante la escritura, pero con la limitación de que su
desarrollo en este único escenario epistemológico lo llevará a lo sumo a
RE-CONOCER, es decir, a conocer conocimiento conocido, y no a
CONOCER, vale decir, no a lograr
conocimiento nuevo, en lo personal o en lo institucional.
Pues bien, con base en lo
anterior, en lo tocante al arte, he propuesto y realizado también en algunos de
mis seminarios, la generación de dos nuevas actividades, que ya me han efectuado
alumnos de postgrado sobre a) LA PERCEPCIÓN SEMIÓTICA y b) LA PERCEPCIÓN
SEMÁNTICA O DE LA MEMORIA.
La primera, para el ejercicio
de la observación no subjetiva, o sea, no objetual
sino cósica, de la realidad, y la
segunda, para el ejercio de la memoria subjetiva, mediante las asociaciones y
reminiscencias de cualquier realidad que contemplemos. En parte, soy deudor de esta idea,
descontando los ‘remiendos’ que le introduje, al filósofo belga Henri Van Lier.
Hago un paréntesis para señalar
que, en el contexto de estas palabras y de la Sociología del Objeto, objetivo y subjetivo vendrían a ser
sinónimos, si tenemos en cuenta que lo objetivo
corresponde ahora a la realidad humanizada. Toda la cultura o “conjunto de
tradiciones sociales”, corresponde a la realidad humanizada. El sentido común y
aun de otra filosofía y epistemologías en general de objetivo, que lo oponen a subjetivo,
queda entre paréntesis ahora, porque ni siquiera corresponde a la cosa.
Estos ejercicios de percepción
absolutamente subjetiva o de la realidad objeto, sin ningún límite para el
empleo deliberado de las reminiscencias personales (percepción semántica), así como su opuesto, el de percepción
absolutamente no subjetiva (percepción
semiótica), educan enormente la capapacidad de autoconocimiento, de
re-conocimiento y de conocimiento en quienes los practiquen. Me consta, sin falsas
modestias.
Toda la literatura de la
Generación del 98 en España y mucha de la que se desarrolló en Europa por esa
época (el Einfühlung, por ejemplo), es literatura de la recuperación histórica de España, y
consistió en revivir la memoria emocional, sentimental y gloriosa que dicha
geografía e historia poseían para el español, en un momento en que este país venía
de sufrir la última pérdida de sus colonias ultramarinas.
En Colombia, ha habido escasas
expresiones de esta literatura en la prosa de la memoria sentimiental,
emocional o histórica, o sea, la de la percepción
semántica. Los dos casos más notables serían –dicho por ahora- los de Jaime
Paredes Pardo en el Cauca y los de Eduardo Caballero Calderón en el altiplano
cundiboyacense, con sus dos encantadores libritos, Tipacoque y Diario de
Tipacoque.
Un ejercicio de este tipo en
las dos direcciones nos llevaría a recorrer y re-conocer el itinerario
emocional e histórico del país y de cada uno de nosotros (opción b), así como
al conocimiento más claro de nuestro entorno (opción a), indudablemente
perturbado por la mirada que prefiere saber cómo se llama y para qué se usa la
realidad, a cambio de saber qué es en sí esa realidad.
La EXPEDICIÓN BOTÁNICA hizo
esto último, percibir semióticamente la realidad, o sea, tal cual era/es,
que dio origen al conocimiento científico en el Nuevo Reino de Granada
y, a partir de este, a la valoración de nuestra realidad a la que más tarde le
cantaría en su Tierra de Promisión
José Eustasio Rivera, mediante su percepción del tipo b.
Con absoluta seguridad, estos laboratorios
o talleres estimulan y fecundan la escritura en actividades reflexivas o artísticas.
De ellos, resulta inevitable la producción de ensayos, poemarios, bocetos pictóricos
o musicales, teatrales, por parte de cada participante. La clave está en la inducción
previa de la pauta gnoseológica, para saber con claridad el modelo que hemos de
aplicar.
Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, abril 15 del 2015.

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