Connotación, Barroco y Undoing.
Otto Ricardo-Torres
I
Cuestiones
preliminares.
Con estas palabras empiezo a tratar por la orillita el tema,
entreverándole aspectos atinentes al mismo con observaciones personales sobre la
marcha.
A
En general, podría decirse que
hay tres usos distintos o tres campos conceptuales del objeto. Uno es el más corriente, que es el de la oposición sujeto/objeto, subjetividad/objetividad.. Otro, el que emplean Roland Barthes y el
grupo del Objetalismo francés, con cuyo enfoque se produjeron brillantes
ensayos, de Barthes, Robbe-Grillet, Michel Butor, que conozco, más una
excelente producción en narrativa y en cine. Este es el enfoque basado en el
punto de vista de la Óptica, del sentido óptico del Objeto, circunstancia en la
cual el sujeto de la operación óptica es la cámara, no el ojo humano. O sea, el
ojo humano, la subjetividad actuando al modo del ojo de la cámara óptica. Por
tal virtud, este objeto, con sentido
destinto del primero, más bien resulta muy próximo, aunque no coincidente, con
una de las categorías del tercer grupo. Y el último grupo, que es el de la Sociología del Objeto, que emplea la
oposición cosa/objeto, y que es el que he venido siguiendo, con uno
que otro remiendo personal.
Dado que me dirijo a un
interlocutor aprendiz como yo, cometeré
frecuentes pausas, digresiones, para ir explicando algunas ideas convenientes.
Estarán marcadas por los párrafos con indentaciones o márgenes de entrada
mayores que los empleados en el resto de la exposición.
Un aspecto importante en la sola mención de tres campos
semánticos distintos sobre el objeto,
es advertir que ponen en evidencia el haberse hecho conciencia de que la
objetividad del sentido común no es única, sino que hay otras objetividades más
objetivas que esa de la tradición y, con estas, distintas subjetividades
correlacionadas con cada una de ellas. El Sujeto cognoscente no se mantiene
igual, sino que tiene que estarse adaptando a cada correlación perceptiva. En
otras palabras, la presencia de tres campos semánticos sobre el objeto implica, de manera necesaria,
esas mismas tres presencias del sujeto para correlacionarse con cada una de las
3 objetividades. Y esto es ya una zancada importante en el escenario del
conocimiento para las ciencias, la historia, el arte, la etnografía del habla,
la psico-sociología y, sobre todo, para las artes y la filosofía, que es a la
que le debemos estas vislumbres y aportes.
Dejemos por sabido el sentido
de objeto en la oposición corriente,
como la antinomia o lo opuesto de subjetivo.
Y pasemos al segundo caso.
Así, cuando Roland Barthes (RB)
y los ensayistas y novelistas de le
nouveau roman hablan de objeto u
objetalismo, el sentido es el de la insobornable transparencia de lo
percibido, al modo del lente de la cámara óptica, fotográfica o fílmica, sin el
menor riesgo de que la subjetividad se inmiscuya. Desde allí, RB en sus brilantes
Ensayos Críticos le dedica varios
capítulos a lo que él llama Literatura objetual o Literatura literal o Mundo
objeto.
Aunque quisiera, no hago
mención de los ensayos de Robbe-Grillet ni de los de Michel Butor sobre esta
materia, por respeto a la brevedad en facebook.
Si les parece, les ofrezco la siguiente hipótesis de lectura
de aquellos poemas conversacionales de T. S. Eliot, así como de otros de similar
estilo en Jaime Sabines. Es esta. El secreto de su encanto podría fundarse en la
combinación simultánea de las dos subjetividades: La subjetividdad cero que emplea
el punto de vista del ojo como cámara óptica, y la subjetividad del sujeto humano,
con el aporte discreto de sus tonalidades o pinceladas de asociaciones emocionales.
Estoy seguro de que funciona.
Lo expuesto sobre el objeto quiere decir que hay que
entenderlo con precisión en el contexto del sistema teórico en que se emplea,
sin posibilidad de trastear su sentido a ninguno de los otros mencionados. Lo
que importa a mis propósitos, con base en la clarificación que vengo de hacer,
es que la antinomia u oposición cosa/objeto
totaliza el universo artístico a lo largo de la geografía y del tiempo, aunque
no se le haya dado una apreciación global desde este punto de vista que aquí y
ahora empleo.
Finalmente, la oposición cosa/objeto, según LA SOCIOLOGÍA DEL OBJETO , se puede consultar en los siguientes
autores, entre otros, seguramente, a saber: Abraham A. Moles, Jean Baudrillard,
Pierre Boudon, Henri Van Lier, Eberhard Wahl, Violette Mourin, más las
bibliografías que cada uno de estos autores nos aportan en sus ensayos sueltos
y libros.
Los que se acercan al conocimiento en condición de
discípulos y no de alumnos han logrado saber o sabrán que cuando se da el
primer paso en forma debida en el camino del conocimiento, la erudición es un
puerto de llegada, no de partida, y que ella viene a uno de manera inevitable,
siempre y cuando no la estemos procurando. Generalmente, una cosa nos lleva a
otra y a otras de manera infinita. La llamada cadena mística opera en todo, siempre
y cuando nos acerquemos al conocimiento en condición de discípulos y no de
alumnos, ni mucho menos con la predisposición de enseñar y no de aprender. Lo
tóxico es empezar a investigar atragantados de erudición.
La oposición cosa/objeto
en la SOCIOLOGÍA DEL OBJETO, con las ñapas ya dichas es, brevemente, esta:
Cosa es el categorema empleado para designar (mejor sería decir
para indicar) toda realidad no
humanizada.
Sabido es que el hombre en su proceso histórico, al
enfrentarse a la naturaleza para convivir con ella o transformarla, en este
contacto la va humanizando, bien por las nuevas realidades promovidas, bien por
la designación o nominación y funciones que el hombre le va dando. De este
modo, el hombre acumula sobre la realidad prístina, original o virgen, la
memoria del mismo hombre, en tatuajes invisibles, sensibles, emocionales o
reflexivos, así como las funciones o usos que de ella hace.
Según la filosofía de la praxis, en ese proceso, el hombre
se transforma simultáneamente a sí mismo en sus “condiciones internas”.
Pues bien, aquella realidad virgen,
no humanizada, es la realidad cosa, y
la otra, la realidad objeto. Mejor
será decir que lo cósico o lo objetivo vienen a ser una condición, y una condición no
permanente, sino permutable o mudable, teniendo en cuenta que una realidad objeto puede ser percibida como cosa mediante la epojé o suspensión de su
valor objetivo, y viceversa, una
realidad cosa ser percibida como objetiva, aunque se encuentre en estado
natural, haciendo uso de ella, como en el caso clásico (A. Moles) de la piedra
como pisapapel.
A lo cual añado tres cosas: a) Que la realidad en condición
objetiva tiene por instrumento de significación el SIGNO, con su Significante y
su Significado, y corresponde al conocimiento conocido; por eso es significativa y legible; mientras que la
realidad en condición cósica, tiene por instrumento el INDICIO, con su Indicante y su Indicado, y, por ello, este instrumento es de indicación, no de significación;
b) Que, si nos damos cuenta de que la realidad en condición cósica, natural o
ocasional, es algo inédito, misterioso y desconocido o por conocer por parte
del hombre, esa realidad reviste, como condición de conocimiento, las
características del indicio, dado que
posee indicante conocido e indicado por conocer. Y c) Que, en tal
sentido, al ser la realidad en su dimensión cósica
o indicial desconocida y por conocer, es, por tal virtud, campo fértil para
la investigación original, o sea, para alcanzar conocimiento nuevo, es decir, Conocimiento;
en tanto que la realidad objeto, siendo
legible como es, resulta, por ello,
generadora de mero conocimiento conocido
o Re-conocimiento, dado que su información se encuentra incorporada, de
manera explícita, al universo cultural del hombre.
Y le digo legible, sencillamente porque, al haberle puesto nombre o signo, aun
desde la sola oralidad, la podemos leer,
intercambiando información escrita u oral.
La Filosofía de la
Fenomenología le dedica un capítulo importante a este aspecto de la alternancia
de las condiciones objetiva o cósica, al tratar la categoría de la epojé o suspensión del conocimiento para
emprender una nueva visión de la realidad o del estado del arte de esta. La
epojé o suspensión (en griego) ocurre
cuando le aislamos a la realidad su dimensión legible de objeto para recuperarle su ipseidad, su condición cósica. El experimento lo podemos
aplicar en una realidad que realmento no conocemos o en cualquiera otra
conocida, al suspenderle su tradición
cutural, estado del arte, funciones, apreciaciones, usos.

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