Otto Ricardo-Torres
Federico Engels escribió una obra, de vanguardia como todo lo que escribió este genio, sobre la Dialéctica de la naturaleza. Debo releerla y ojalá conseguir el texto físico, que tuve pero se me refundió o lo presté. Es el mismo oxímoron o paradoja en la retórica de las artes. Por ejemplo, la pintura de René Magritte, Esto no es una pipa, es un oxímoron, esto es, una conradicción dialéctica, pues está diciendo que eso que él ha pintado y muestra como una pipa lo más pipa del mundo, 'no es una pipa'.
Los he encontrado y disfrutado en poesía, y los disfruto, sin quedarme en el ejemplo de las preceptivas literarias, que machacan el mismo "Muero sin viivir en mí/y tan alta espero/que muero porque no muero", de la Santa de Ávila. El lector de hoy poco repara ya en eso y si uno toca el tema, o algo parecido, corre serios riesgos de audiencia o de lectura.
A la sentencia de William Shakespeare, "Ser o no ser, esa es la pregunta", que insinúa un oxímoron, yo le arrimo una mía, viniendo de la suya, a saber: "Ser Y no ser, he ahí la cuestión". Dándole a 'cuestión' el valor que tiene en español, sinónimo de 'asunto', ya no 'question>cuestión' pregunta. De este modo, se configura el oxímoron, la contradicción dialéctica, no como en la disyuntiva del eximio inglés. En efecto, lo dialéctico está en la conjunción de los contrarios, no es su disyunción.
E la vida real, se nos ofrecen evidencias de oxímoron, de algo que es y no es. Las aspas de un molino de viento o de un avión de los de hélices, muestran una evidencia contradictoria, pero dialéctica, al llegar a su máxima aceleración. Entonces parecen quietas, diluídas en un vaho acuoso: La máxima velocidad se desmiente en una evidencia de quietud.
En Darío Samper, poeta de Piedra y cielo, ni siquiera olvidado por la crítica, exrector de la Universidad Distrital, que escribe una poesía plástica, seguramente por los sueños frustrados de haber querido ser pintor, tiene un oxímoron en su poema Arpa, que disfrutamos en mis clases de Taller de Lírica en la Javeriana y en otras universidades del país por donde anduve. Es este:
El oxímoron está en "Las manos en el agua", dicho del arpa que está siendo ejecutada en plena parranda (allá dicen 'parrando') llanera. Si reparan en el movimiento de las cuerdas del arpa en su plena ejecución, podrán no ver las cuerdas, sino el vaho de estas en su plena agitación. ¿Cuántos lectores de Darío Samper lo habrán notado?, ¿si es que, primero, lo leen?
A veces, cuando cometo poemas se me da por decir en uno de ellos sobre el abuelo "El abuelo que lleva al niño que lo lleva de la mano".
A la sentencia de William Shakespeare, "Ser o no ser, esa es la pregunta", que insinúa un oxímoron, yo le arrimo una mía, viniendo de la suya, a saber: "Ser Y no ser, he ahí la cuestión". Dándole a 'cuestión' el valor que tiene en español, sinónimo de 'asunto', ya no 'question>cuestión' pregunta. De este modo, se configura el oxímoron, la contradicción dialéctica, no como en la disyuntiva del eximio inglés. En efecto, lo dialéctico está en la conjunción de los contrarios, no es su disyunción.
E la vida real, se nos ofrecen evidencias de oxímoron, de algo que es y no es. Las aspas de un molino de viento o de un avión de los de hélices, muestran una evidencia contradictoria, pero dialéctica, al llegar a su máxima aceleración. Entonces parecen quietas, diluídas en un vaho acuoso: La máxima velocidad se desmiente en una evidencia de quietud.
En Darío Samper, poeta de Piedra y cielo, ni siquiera olvidado por la crítica, exrector de la Universidad Distrital, que escribe una poesía plástica, seguramente por los sueños frustrados de haber querido ser pintor, tiene un oxímoron en su poema Arpa, que disfrutamos en mis clases de Taller de Lírica en la Javeriana y en otras universidades del país por donde anduve. Es este:
El oxímoron está en "Las manos en el agua", dicho del arpa que está siendo ejecutada en plena parranda (allá dicen 'parrando') llanera. Si reparan en el movimiento de las cuerdas del arpa en su plena ejecución, podrán no ver las cuerdas, sino el vaho de estas en su plena agitación. ¿Cuántos lectores de Darío Samper lo habrán notado?, ¿si es que, primero, lo leen?
A veces, cuando cometo poemas se me da por decir en uno de ellos sobre el abuelo "El abuelo que lleva al niño que lo lleva de la mano".

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