domingo, 23 de septiembre de 2018

Anitya o la impermanencia
Otto Ricardo-Torres

Esta es una categoría con su nombre en sánscrito, empleada en el budismo zen, donde la he leído. Su nombre indica a lo que se refiere, el constante movimiento del universo y de la energía en este. Todo está en permanente movimiento y, por lo tanto, vivo, sin quietud ni muerte, naciendo y volviendo a nacer. La muerte es, en ese criterio, nacer al otro lado del cartel, vivir de otro modo, en obediencia al proceso de combustión autógena, o el tic tac que late y palpita en el corazón del universo.

Allí me atrevería a pensar para mí algunas observaciones, tratando de ser leal al espíritu de esa dialéctica. Así lo digo, 'dialéctica', pues no de otro modo cabe el tic tac ni el tao, sino en el núcleo de su contradicción inherente. Entonces, admitida la contradicción dialética como razón de ser de anitya, la quietud es inherente al movimiento, al tic tac, aspecto y actitud que, según creo o advierto, no son tenidos en cuenta de manera más o menos frecuente, tal vez por el apego ligero al sentido literal de las palabras.

Anitya o impermanencia sería entonces algo equivalente al ritmo del movimiento incesante, en la condición de movimiento y reposo, de va y ven, o vaivén, sin retorno al mismo punto de partida, pero sí al del ritmo. 

El ritmo de anitya entraña, así, la actitud de reposo en el seno del movimiento y, al mismo tiempo, de movimiento en el seno de la quietud. Lo uno en lo otro y no solamente lo uno sin lo otro. No solamente movimiento sin reposo, ni reposo sin movimiento, sino que, para que se dé la anitya o impermanencia como pauta del ritmo del universo, deben cumplirse esas condiciones de su dialecticidad rítmica.

Tal vez deba decir más, a saber: que al ser entendida -según mi parecer- de ese modo la categoría de anitya o impermanencia, como implicación complementaria de contrarios, ya no cabe pensar en la separación de lo uno y de lo otro, sino que lo uno es lo otro y lo otro es lo uno: en el movimiento está el reposo y en el reposo el movimiento, en el tic está el tac y en el tac, el tic; en el yin, el yang y en este, el yin, y no de otra manera.

Llevada esta idea matriz a la terapia en la conducta individual o colectiva, resultaría procedente pensar, por vía de complementación dialéctica, en el diagnóstico del factor complementario que provoque el equilibrio del tic tac en las conductas con desbordamientos extremos, a efecto de suscitar el acuerdo o concordia con el ritmo natural del universo y del ser.

Casa Esenia, septiembre 23 del 2018

 

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