Otto Ricardo-Torres
Tanto Peirce, como Prieto y Mounin, entre otros, hablan del Indicio; con la bibliografía de respaldo que, a su vez, cada uno de ellos aporta, basten como referencias. De respaldo, tengo escrito, además, un cotexto -o texto teórico- inédito sobre el Indicio, pero eso dejémoslo quieto, pues el espacio no lo permite. De modo que no voy a emprender un repaso por las fuentes del Indicio.
Me limito a definirlo y explicarlo a mi modo. El Indicio hace pareja de opuestos con el Signo. Este tiene Significante (se) y Significado (so); el Indicio, a su vez, consta de Indicante (ie) e Indicado (io), en los términos del uruguayo Luis Jorge Prieto. El Signo tiene se y so conocidos, mientras que el Indicio apenas tiene ie conocido y su io es un contenido por conocer. El se y so del Signo se dan de manera inmediata, como el haz y el envés de la hoja, según el feliz símil del sabio Ferdinand de Saussure; en cambio, el ie del Indicio está dado, en la evidencia inmediata, pero su io o contenido es télico, esto es, desconocido y distante, no inmediato al ie. Las profecías, por ejemplo, son indicios (la hermenéutica bíblica habla de 'señales'); pero, una vez verificadas, profecías o Indicio, al ser ya conocido el io de este, el Indicio deja de ser Indicio para constituírse en Signo, pues ya tiene se y so conocidos e inmediatos y correlativos.
(Como diría el difunto Marcos Pérez, periodista de Barranquilla, ¿voy bien o me devuelvo?).
En mis términos, hablo de Prólepsis y Anagnórisis, para referirme al Indicante y al Indicado del Indicio, respectivamente. Prólepsis porque 'anticipa' enigmáticamente, dice anticipo enigmático, pero eso dice; y Anagnórisis por el 'reconocimiento' que se cumple a la postre al descifrar el Indicio. Aunque resulten estas palabrotas en cultismos griegos, creo que son bastante elocuentes porque apuntan en sí mismas a lo que 'indican'.
Pues bien, ¿y para qué todo ese trabalenguas anterior? Para decir que sugiero que inauguremos en nuestras costumbres pedagógicas, metodológicas, de lecturas, de investigación y de análisis de obras de arte, las categorías de Signo e Indicio, y no que todo sea examinado como si fueran signos.
De lo antes dicho, podemos decir que en el Signo ciframos y desciframos conocimiento conocido. La alfabetización sígnica nos habilita para decodificar conocimiento conocido; de ese modo nos hace ciudadanos del universo, en la ciudadanía universal de lo conocido. En cambio, la alfabetización, educación o entrenamiento en indicios no nos habilita para decodificar sino para discernir o interpretar lo no conocido, con miras a generar conocimiento nuevo. Y esta alfabetización es la que nos predispone a la ciudadanía de la creación artística, filosófica, científica o de cualquier actividad de la vida. Todas las vanguardias son logros de la lectura de indicios.
El diálogo traumático ocurre entre las comunidades que conviven en la semiosfera del Signo, junto con las comunidades que conviven en la otra semiosfera, la del Indicio. Los copartidarios del Signo tratan de leerlo todo como intercambiando realidades conocidas. Cuando se presenta una propuesta artística, filosófica, política, científica, nueva, esto es, de vanguardia, creativa, se le enfrentan furiosamente porque no la pueden decodificar con el patrón sígnico, que es el del ciframiento y desciframiento. el del intercambio de valores conocidos.
Ante eso y a cambio de tomar al toro por los cachos, los usuarios o servidores en instituciones capitales, rurales, aldeanas, se acomodan y llueven sobre mojado, haciendo la jugada fácil, repitiendo cómodamente conocimiento conocido, sin tener que preocuparse ni por investigar ni por enseñar a hacerlo. A lo sumo, dicen ufanarse de estar enseñando a investigar, pero lo que hacen es enseñar a conocer lo conocido.
Ante eso y a cambio de tomar al toro por los cachos, los usuarios o servidores en instituciones capitales, rurales, aldeanas, se acomodan y llueven sobre mojado, haciendo la jugada fácil, repitiendo cómodamente conocimiento conocido, sin tener que preocuparse ni por investigar ni por enseñar a hacerlo. A lo sumo, dicen ufanarse de estar enseñando a investigar, pero lo que hacen es enseñar a conocer lo conocido.
Husserl propuso eso, "suspender" ('epojé') el conocimiento conocido de cualquier realidad en plan de ser analizada, o sea, mudarla de signo a indicio, para examinarle sus otras posibilidades ignotas. Y los koans o acertijos de los monjes en los templos budistas han elevado a la máxima expresión la alfabetización indicial. Un koan es eso, un misterio, alias indicio, para entrenar al discípulo en su discernimiento, pues esto no es susceptible de ayuda bibliográfica ni de terceros. ¡Y todavía la comunidad científica pacata insiste en tildar de pietistas a estos científicos del misterio!
Casa Esenia, septiembre 17 del 2018.

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